Familiares rindieron homenaje a las personas que permanecen en la fosa común del Panteón Dolores.
Natalia Matamoros
La memoria de quienes murieron en el anonimato y de quienes fallecieron en situación de calle estuvo presente en la cuarta ofrenda del Día de Muertos, instalada en la fosa común del Panteón Dolores.
Entre flores, veladoras y cruces, organizaciones civiles y familiares recordaron a quienes fueron sepultados sin que sus seres queridos pudieran despedirlos.
Enrique Hernández, director de la asociación civil El Caracol, señaló que en cuatro años solo han logrado identificar a cinco personas fallecidas en situación de calle. De ellas, únicamente una ha sido trasladada a una lápida con su nombre, debido a que las organizaciones no son reconocidas como familiares sociales para realizar los trámites.
Por su parte, Citlalli Hernández, representante de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, advirtió que persiste un vacío en el derecho a la identidad de esta población. Llamó a construir una política pública integral que garantice sus derechos, combata la discriminación y respete su autonomía.
Entre los asistentes estuvo Antonia Mendoza, quien durante un año buscó a su hijo Erick en hospitales, delegaciones y reclusorios, hasta que supo que había fallecido y sus restos estaban en la fosa común.
Hoy, su hijo tiene una cruz con su nombre. Como él, cientos de personas permanecen en el anonimato. Esta ofrenda busca devolverles un lugar en la memoria colectiva y recordar que detrás de cada cuerpo hay una historia y una vida que merece ser reconocida.
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