Desde romeritos y bacalao hasta pozole y pancita, los mercados públicos de la CDMX se llenan de aromas y tradición con el recalentado de Año Nuevo.
Natalia Matamoros
El primer día del año no comienza en la cocina del hogar, sino en los pasillos de los mercados públicos, donde el recalentado de Año Nuevo se convierte en el protagonista. Desde las primeras horas de este 1 de enero, el aroma de romeritos con camarones, pozole y bacalao impregnó los pasillos del Mercado Arcos de Belén, ubicado en el centro de la Ciudad de México.
Los puestos se adaptan a la demanda festiva y venden platillos completos o porciones al gusto: pancita para curar la cruda, pozole rojo o blanco, tamales recién sacados de la vaporera, guiso de bacalao con espagueti y caldos de gallina y pollo para hacerle frente al frío, provocado por las bajas temperaturas registradas en los últimos días.
Para muchos, comprar el recalentado es también un ritual: caminar entre mesas improvisadas, intercambiar saludos de “feliz año” y elegir el platillo que mejor acompañe el primer café o refresco del 2026. Ese es el caso de Alejandro González. Él, desde hace varios años, acude con su familia porque conoce la sazón del lugar y porque considera que la comida del día siguiente sabe mejor que recién hecha.
Los romeritos cocidos con mole y acompañados de camarones son uno de sus platillos favoritos, que no faltaron en su cena de Fin de Año ni en los días posteriores.
“Todos los años vengo aquí a este mercado porque ya nos las sabemos, que aquí el recalentado es muy bueno y siempre como que sabe mejor todo al otro día. Digo, allá en mi casa sí preparamos ayer y comimos también los romeritos, el bacalao y todo, pero nos los acabamos y nos quedamos con las ganas de seguir comiendo”.
Guadalupe Briceño también llegó con parte de su familia al mercado. Sus dos hijos, su esposo y una tía la acompañaron porque no pudo cocinar bacalao en su casa por falta de tiempo. Ella trabajó hasta las 6:00 pm de este 31 de diciembre y prefirió hacer una cena un poco más ligera y práctica.
Este 1 de enero quiso matar el antojo del bacalao con un caldo de gallina para reponer energías.
“Vinimos para deleitar un rico bacalao y después también nos gusta comer un rico caldo de gallina. Es lo que me encanta venir a probar con mi familia después de las festividades de Año Nuevo. Nosotros no preparamos bacalao en casa por el tiempo, porque todos trabajamos y decidimos venir al mercado a comer”.
Antes de comenzar su jornada laboral en la estación Salto del Agua del Metro de la Ciudad de México, donde trabaja como cajera, Dulce García pasó por un pozole. Necesitaba algo caliente para combatir el frío e iniciar este nuevo año con energía.
“Vine a ver qué había calientito y había birria, pozole, caldo de gallina y pedí un pozolito de pollo con café para el frío, porque vengo de Texcoco. Aquí me provocó algo caliente antes de ir a trabajar”.
Más allá de la comodidad, el recalentado en los mercados refleja una economía popular que no se detiene, incluso en día festivo. Esta tradición no solo extiende la fiesta, sino que reafirma el papel de los mercados como espacios de identidad, encuentro y continuidad, donde el Año Nuevo se celebra, una vez más, alrededor de la comida compartida.
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