La pluralidad de la sociedad y la naturaleza humana desordenada en sí mismas son necesarias para hacer política.
Escucha la columna completa del Dr. Isidro Cisneros, experto en temas de derechos humanos y procesos electorales.
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La filosofa Hannah Arendt en su texto «Por una ética de la responsabilidad: lecciones de teoría política» reflexionó que “la pluralidad es la condición de la acción humana, debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá”.
En ese sentido, Arendt presentó los errores dentro de la teoría política tradicional, la cual identifica su objeto en el orden. Sin embargo, la naturaleza del ser humano es lo contrario:
«La teoría política reconoce su objeto en un orden que es gobernable, predecible, tranquilizador, justo y legitimo que neutraliza el desorden conflictivo que es condición natural del ser humano».
Al respecto, Arendt señaló que el pensamiento político moderno piensa en la justicia como orden. Por ello, sugirió cambiar la teorización de la política porque se trata de un campo de interacción plural y de contingencia porque los seres humanos somos únicos y cambiantes. Es decir, la teoría política tiene que dejar de estudiar seres universales, homogéneos y ordenados porque sin pluralidad no hay política.
Además, argumentó que el individuo sigue siendo la categoría fundacional del debate político contemporáneo.
Finalmente, el Dr. Cisneros comentó que la filosofa definió la política como el ámbito de la interacción plural donde, con palabra y acto, nos adentramos en el mundo humano.
¿Quién fue Hannah Arendt?
Hannah Arendt fue escritora, teórica de la política alemana y una de las filosofas más influyentes el Siglo XX. Cuando Adolf Hitler llegó al poder, Arendt vivió exiliada, por lo que tiempo después se naturalizó estadounidense.
En su primera obra «Los orígenes del totalitarismo» planteó una nueva tesis que estableció que los movimientos totalitarios se apoderan de todas las ideología a través del terror y las convierten en nuevas formas de Estado. Por ejemplo, el nazismo y estalinismo.
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