Los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minnesota y otros estados han generado denuncias por uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias y una creciente crisis humanitaria.
Luis Camarillo
El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, mejor conocido como ICE por su acrónimo en inglés, comenzó como una agencia de control fronterizo; sin embargo, se ha transformado desde el primer mandato presidencial de Donald Trump, quien lo apuntaló como el principal cuerpo de seguridad encargado de aplicar su política antimigración.
Desde que el republicano inició su segundo periodo presidencial, el 20 de enero de 2025, ICE ha sido señalada por su brutalidad, el uso de tácticas militares contra civiles y una preocupante deriva ideológica.
Con sede en Washington D. C., ICE fue creado por el gobierno de Estados Unidos en marzo de 2003, durante el mandato del republicano George W. Bush, como organización sucesora del Servicio de Inmigración y Naturalización, y quedó bajo el mando del Departamento de Seguridad Nacional.
Recuento de agresiones: los nombres del dolor
La violencia de ICE no solo se expresa en cifras y estadísticas; tiene rostros y nombres que han sacudido a la opinión pública en los últimos meses.
Renee Nicole Good. El pasado 7 de enero, en Minneapolis, Minnesota, la ciudadana estadounidense de 37 años, madre de tres hijos y poeta galardonada, fue asesinada a tiros por un agente de ICE identificado como Jonathan Ross.
Good, nacida en Colorado Springs y con estudios en lengua inglesa por la Universidad Old Dominion, acababa de dejar a su hijo de seis años en la escuela cuando se encontró con agentes de ICE durante un operativo para detener migrantes.
Según testigos y videos captados desde múltiples ángulos, Good intentó alejarse en su automóvil después de que los agentes la rodearan, pero Ross disparó en tres ocasiones, uno de los impactos en la cabeza. Analistas calificaron el hecho como una “ejecución”.
El Departamento de Seguridad Nacional, encabezado por Kristi Noem, afirmó que Good utilizó su vehículo como un arma e intentó atropellar a los agentes, calificando el hecho como “terrorismo doméstico”. No obstante, múltiples testigos y análisis de video sostienen que la mujer huía de una amenaza percibida.
La muerte de Good, ciudadana con documentos, provocó protestas masivas en Minneapolis y otras ciudades del país. Durante estas movilizaciones, agentes de ICE agredieron a manifestantes que protestaban de manera pacífica, utilizando gas lacrimógeno y granadas aturdidoras para dispersarlos.
Reportes recientes también detallan operativos en los que niños han sido sacados de sus hogares en condiciones deplorables, a veces bajo la lluvia y con ropa insuficiente, mientras sus padres son inmovilizados con violencia excesiva.
Liam Conejo Ramos. Justo en el aniversario del primer año del gobierno de Trump ocurrió uno de los casos más controversiales atribuidos a ICE y que generó indignación en diversos sectores de la sociedad estadounidense.
La tarde del martes 20 de enero, Liam, un estudiante de preescolar de cinco años, fue retenido por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas durante un operativo en Minnesota.
De acuerdo con autoridades escolares de Columbia Heights, un suburbio de Minneapolis, el niño regresaba de la escuela con su padre, Adrián Alexander Conejo Arias, ciudadano ecuatoriano con estatus de asilado, cuando agentes enmascarados los interceptaron en la entrada de su domicilio.
Según la superintendente del distrito escolar, Zena Stenvik, los agentes sacaron al niño del automóvil, lo utilizaron para llamar a la puerta del domicilio como “cebo” para verificar si había más personas en el interior y, posteriormente, enviaron tanto al menor como a su padre a un centro de detención familiar en Dilley, Texas. En ese lugar, durante el primer mandato de Trump, la prensa documentó imágenes de niñas y niños migrantes hacinados.
La familia tenía un caso de asilo activo, sin una orden final de deportación, y no existe registro criminal del padre en Minnesota, como lo confirmó su abogado, Marc Prokosch.
El Departamento de Seguridad Nacional defendió la acción de los agentes de ICE alegando que el padre “abandonó” al niño durante el arresto para poder huir. Abogados y testigos contradicen esta versión, que también fue reiterada por el vicepresidente J. D. Vance.
El caso de Liam Conejo Ramos evidencia cómo ICE ha detenido a menores de edad estadounidenses o con estatus legal, como lo denunció la propia Zena Stenvik, superintendente de las Escuelas Públicas de Columbia Heights.
No solo migrantes en la mira de ICE
De acuerdo con una investigación de la agencia independiente ProPublica, con sede en Nueva York, más de 170 ciudadanos estadounidenses han sido detenidos de manera ilegal bajo métodos poco ortodoxos de ICE, entre ellos:
- Uso de granadas de conmoción y gas lacrimógeno en zonas residenciales.
- Tácticas de asfixia, como la rodilla en el cuello, similares a las que provocaron tragedias nacionales como la muerte de George Floyd.
- Detenciones arbitrarias basadas únicamente en el perfil racial.
- Uso de fuerza excesiva, como romper ventanas de vehículos, golpizas y detenciones prolongadas sin acceso a abogados o familiares.
Asimismo, un informe del Senado estadounidense documenta abusos como la negación de atención médica, alimentos y acceso a sanitarios, además de amenazas verbales como “esto pasa cuando te metes con ICE”.
Críticos sostienen que estas tácticas, ordenadas desde el Departamento de Seguridad Nacional, van más allá de la deportación y buscan intimidar a comunidades enteras.
Nuevos objetivos del ICE
El viernes 23 de enero, alrededor de 100 clérigos de diversas denominaciones —católicas, evangélicas, metodistas, luteranas y presbiterianas, entre otras— fueron arrestados por la policía local en el Aeropuerto Internacional de Minneapolis–Saint Paul durante una protesta pacífica contra los vuelos de deportación de ICE.
Organizados por la asociación Faith in Minnesota, los líderes religiosos entonaron consignas como “ICE out” y realizaron oraciones e himnos bajo temperaturas de varios grados bajo cero.
También exigieron que aerolíneas como Delta suspendan su colaboración con ICE, en el marco de un “apagón económico” estatal, durante el cual varios negocios cerraron en solidaridad con las comunidades migrantes.
Cabe recordar el caso del reverendo Kenny Callaghan, en Minneapolis, quien fue arrestado recientemente por agentes migratorios debido a su activismo en favor de los migrantes. El clérigo afirmó que las redadas de ICE se sustentan en el miedo y la intimidación.
El lenguaje de la deshumanización
Altos mandos de ICE, del Departamento de Seguridad Nacional e incluso de la Casa Blanca, utilizan una comunicación visual y discursiva que expertos califican como de nacionalismo extremo.
En sus campañas actuales de reclutamiento, ICE emplea términos como “repeler invasores extranjeros” y ofrece bonos de miles de dólares para atraer a exmilitares y expolicías.
La organización Southern Poverty Law Center ha denunciado el uso de iconografía en redes sociales que evoca propaganda de regímenes autoritarios, con imágenes de hombres armados de rasgos “arios” y consignas como “¿Qué camino seguirás, hombre estadounidense?”, una referencia directa a textos supremacistas blancos.
La “Gestapo de Trump”
Tras el asesinato de Renee Nicole Good, miles de personas salieron a las calles para rechazar los operativos de ICE, coreando consignas como “ICE es la Gestapo de Trump”, en alusión a la policía secreta de la Alemania nazi.
El escritor estadounidense Stephen King, cuyos libros han sido prohibidos en escuelas de ese país, describió a ICE como “la Gestapo estadounidense”. En diversas ocasiones, el autor ha señalado que la agencia dejó de cumplir una función administrativa para convertirse en un brazo armado político.
Recientemente, el comandante de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, fue señalado por evocar simbología nazi, desde su corte de cabello hasta su vestimenta durante operativos antimigrantes.
Incluso, tras el caso del niño Liam Conejo, Bovino acusó a los medios de comunicación de no difundir casos de “protección a menores” y centrarse únicamente en el caso de Liam, una estrategia que recuerda la descalificación de la prensa para manipular la opinión pública.
Entre las similitudes que críticos asocian entre ICE y la policía secreta nazi destacan:
- Agentes encubiertos, vestidos de civil y sin identificación oficial.
- Operativos y arrestos nocturnos para generar terror.
- Irrupción en domicilios sin orden judicial.
- Objetivos que incluyen migrantes, activistas, minorías y, ahora, líderes religiosos.
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