Sayak Valencia explica el “farmear aura” como una expresión juvenil que recupera espacios públicos y abre un diálogo entre generaciones.
Escucha nuestra conversación con la filósofa, escritora y ensayista Sayak Valencia.
Laura Velarde
El llamado «farmear aura«, una práctica cultural que se ha popularizado entre jóvenes, puede entenderse como una forma de expresión generacional y comunitaria que trasciende las redes sociales. Para la filósofa, escritora y ensayista Sayak Valencia, el fenómeno debe analizarse sin caer en juicios moralizantes ni en un “pánico moral” hacia las juventudes.
«No es solo una moda, no es solo una forma de expresión, sino una forma de comunicación no verbal y también comunitaria que están desarrollando para crear esta singularidad generacional que necesitan estos muchachos más jóvenes».
Además, Valencia destacó que una de las características más relevantes de esta práctica es que lleva a las juventudes nuevamente a ocupar los espacios públicos, fuera de las pantallas y del consumo.
«Lo más importante de este fenómeno de farmear aura es que están volviendo a los espacios públicos, los muchachos, las muchachas, las muchaches, que son espacios que estaban abandonados porque regularmente están capturados por las pantallas».
🥊 Bajo la cúpula del Monumento a la Revolución se desarrolló la primera gran batalla de “farmear aura” en la Ciudad de México.
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) August 22, 2026
🔥 En lugar de golpes, los rounds incluyeron poses, miradas desafiantes, bailes y movimientos virales para intimidar al rival.
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También, la especialista consideró que el fenómeno reúne elementos de distintas expresiones culturales, como los videojuegos, TikTok y prácticas de la contracultura, y representa una búsqueda de autenticidad y singularidad.
Asimismo, llamó a las personas adultas a acercarse a estas expresiones desde la escucha y el acompañamiento, en lugar de la censura.
«Creo que uno de los retos más fuertes de nuestro país y del mundo, es que estamos dejando muy solos a los jóvenes. No les tenemos que decir qué hacer, les tenemos que escuchar».
Finalmente, para Valencia, comprender estas prácticas también puede abrir un diálogo intergeneracional y permitir que las juventudes reconozcan las raíces culturales de sus propias expresiones.
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