Los alimentos ultraprocesados están usando la estrategia del tabaco para el consumo masivo y los efectos a la salud de las personas.
IMER Noticias
Durante décadas, la regulación del tabaco ha sido uno de los mayores logros de la salud pública global. Una nueva investigación propone que esa misma experiencia debería servir de guía para enfrentar otro problema creciente: el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud.
Un artículo publicado el 2 de febrero de 2026 por Ashley N. Gearhardt, Kelly D. Brownell y Allan M. Brandt sostiene que los alimentos ultraprocesados no son simplemente productos convenientes o de bajo valor nutricional, sino sistemas de consumo cuidadosamente diseñados para estimular el placer, fomentar la ingesta compulsiva y generar dependencia, de forma similar a los cigarrillos industriales.
Los autores señalan que estos productos, que dominan hoy el suministro alimentario mundial, están fuertemente asociados con enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, ciertos tipos de cáncer y muerte prematura. Además, advierten que podrían estar relacionados con trastornos neurológicos como la demencia y la enfermedad de Parkinson.
Alimentos ultraprocesados y el efecto dañino a la salud
Desde la perspectiva de la ciencia de las adicciones, el estudio explica que tanto los cigarrillos como los alimentos ultraprocesados comparten estrategias clave de diseño industrial.
Entre ellas destacan la optimización de dosis, la entrega rápida de recompensas, la ingeniería hedónica del sabor, la disponibilidad constante en el entorno cotidiano y el llamado health washing, es decir, el uso de mensajes de salud que pueden resultar engañosos.
En el caso del tabaco, la nicotina fue cuidadosamente dosificada para maximizar el placer sin provocar rechazo. En los alimentos ultraprocesados ocurre algo similar con la combinación de carbohidratos refinados y grasas añadidas, que activan con rapidez los circuitos cerebrales de recompensa.
Esta estimulación intensa, pero breve, impulsa el deseo de seguir comiendo, incluso cuando ya no existe una necesidad fisiológica.
El procesamiento industrial, explican los autores, descompone la estructura natural de los alimentos, elimina la fibra y acelera la digestión, lo que permite que el azúcar y la grasa lleguen al organismo de manera más rápida y potente. El resultado es un patrón de consumo difícil de moderar.
De la responsabilidad individual a la responsabilidad industrial
Uno de los puntos centrales del análisis es que el debate sobre los alimentos ultraprocesados no debe limitarse a decisiones personales o educación nutricional. Al igual que ocurrió con el tabaco, los autores proponen un cambio de enfoque: pasar de culpar al consumidor a exigir mayor responsabilidad a la industria.
El estudio sugiere que las herramientas que ayudaron a reducir el consumo de cigarrillos como impuestos, restricciones a la publicidad dirigida a niñas y niños, etiquetado más claro, límites a la disponibilidad en escuelas y hospitales, e incluso litigios podrían adaptarse para enfrentar los daños asociados a estos alimentos.
Reconocer que estos productos están diseñados para promover el consumo excesivo, concluyen los investigadores, permitiría avanzar hacia políticas públicas más eficaces y proporcionales al riesgo que representan.
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