El cómic en náhuatl Kwak okelkahkah kenehki alahtlanilos —«Cuando se habría olvidado la lluvia»—, de Érika Sebastián Aguilar, usa el arte y la historieta para revitalizar el náhuatl, el ma’pee y la memoria comunitaria como formas de resistencia cultural y defensa lingüística.
Escucha esta nota producida por José Luis Plascencia.
Laura Velarde
El cómic en náhuatl, ma’pee y español creado por Érika Sebastián Aguilar y el colectivo Tlanechikol se ha convertido en una herramienta de defensa lingüística y resistencia cultural. A partir de la pregunta ancestral “¿Qué pasa si dejamos de pedir la lluvia?”, la autora recupera rituales, memoria comunitaria y espiritualidades nahuas, mientras alerta sobre la pérdida de la lengua y el impacto del colonialismo en las comunidades. Su obra, galardonada por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, busca conectar con las juventudes, fortalecer la transmisión intergeneracional y demostrar que las lenguas originarias sí tienen futuro.
¿Qué pasa si dejamos de pedir la lluvia?
En un país donde más de la mitad de las lenguas indígenas están en riesgo de desaparecer, surge una historia que demuestra que la defensa lingüística también puede hacerse desde el arte. Se trata del cómic en náhuatl creado por Érika Sebastián Aguilar, una mujer nahua de Guerrero que decidió, junto con el Colectivo Tlanechikol, llevar su idioma materno a un formato que dialoga con las nuevas generaciones. El nombre de la pieza es “Cuando se habría olvidado la lluvia” y en náhuatl: Kwak okelkahkah kenehki alahtlanilos.
La importancia de seguir revitalizando en donde ya quedan pocas personas en hablar la lengua, pues ha sido justo que no hay esa articulación intergeneracional entre juventudes o personas mayores adultas.
Y la intención del cómic fue justo partiendo de una coyuntura, se pensó en contribuir para las juventudes y que las juventudes justo tienen esa idea errónea que las lenguas originarias no tienen futuro.
Todo inició con una pregunta que resuena en las comunidades nahuas: ¿Qué pasa si dejamos de pedir la lluvia? Pero detrás de esa inquietud no solo está el cuidado de la naturaleza, sino también el cuidado de la palabra. Porque para pedir la lluvia, primero hay que conservar el idioma que la nombra.
«Lamentablemente estamos impregnados de un colonialismo y de una forma de pensamiento que cada vez más se va introduciendo con más fuerza al interior de las comunidades y esto me refiero que la visión del mundo occidental ha justificado la explotación de los bienes naturales como algo natural y que justamente ha desconocido y borrado gran parte de las espiritualidades o de la de la forma en que nosotros pensamos que son los ríos».
«Para nosotros es una narrativa real»
El cómic de Érika, completamente narrado y dialogado en náhuatl, ma´pee y español, ha conseguido destacar justamente por eso: porque pone al centro la importancia de hablar, pensar y narrar el mundo desde una lengua originaria. Cada viñeta es un recordatorio de que una lengua no muere cuando deja de escribirse, sino cuando deja de usarse y que nuevas formas de expresión —como la historieta— pueden convertirse en herramientas de resistencia cultural.
«Tenemos fe de que nuestras lenguas es como esta luz que promete pues crear otros mundos. Es eso de que pues nuestra epistemología se comparte con la lengua y la lengua cada vez, pues se van apagando. Pero para nosotros es una narrativa real.
Es el conjunto de historias que existen en la comunidad y creo que es una invitación a que otros jóvenes, a que otras personas se organicen y plasmen estas formas de ver el mundo».
En sus páginas, niñas y niños se encuentran con personajes que hablan como sus abuelos, con rituales que aún viven en la memoria colectiva, y con un universo donde la lengua no es ornamento: es identidad, es raíz y es futuro.
En medio del impulso nacional por revitalizar las lenguas originarias, este cómic se vuelve un ejemplo de cómo el arte puede fortalecer lo que las políticas públicas buscan proteger.
Érika Sebastián nos recuerda que cada palabra en náhuatl, ma´pee o español es un territorio que se salva. Y que mientras existan historias contadas en lenguas originarias, existirá también la posibilidad de no olvidar quiénes somos.
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