Isidro Cisneros analiza el genocidio en Gaza y advierte sobre el uso de inteligencia artificial en la guerra y su registro legal.
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Karen Tlali
La irrupción de la tecnología en los conflictos armados está transformando no solo la forma en que se ejerce la violencia, sino también la manera en que se documenta y se juzga. Bajo esta premisa, el analista Isidro Cisneros abordó en su columna el libro “Genocidios, una lectura forense”, escrito por Júlia Nueno Guitart, una obra que propone repensar este crimen a la luz de herramientas digitales y nuevos marcos del derecho internacional.
En conversación para El Acento con Adriana Esthela Flores, Cisneros explicó que el concepto de genocidio, acuñado tras la Segunda Guerra Mundial, cobra hoy una dimensión distinta frente a conflictos contemporáneos como el de Gaza, donde la violencia se articula con sistemas tecnológicos avanzados.
“Hay que decir que el genocidio, viene de genos, que significa grupos étnicos, y cidio, que significa asesinato. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo una gran indignación, pero ahora que vemos que los israelíes están cometiendo las mismas atrocidades contra los palestinos, se impone una reflexión más profunda sobre su alcance en el siglo XXI”.
El libro, detalló, plantea que el caso de Gaza podría representar un punto de quiebre, al tratarse del primer genocidio documentado en tiempo real mediante el uso de inteligencia artificial, algoritmos y vigilancia masiva.
“El libro analiza el genocidio de Gaza, señalándolo como el primer genocidio en la historia en el que se emplean algoritmos avanzados e inteligencia artificial para identificar y seleccionar objetivos humanos, un fenómeno grave que además está siendo documentado con herramientas tecnológicas modernas”.
Guerra digital
Desde esta perspectiva, explicó que la tecnificación de la guerra no solo incrementa la capacidad destructiva, sino que transforma las formas de interpretación jurídica y ética de estos crímenes.
“La tecnificación de la guerra ha modificado la forma en que se puede ejecutar la destrucción sistemática de un grupo humano, tanto en su dimensión física como en su dimensión cultural, y esto obliga a replantear las definiciones del derecho internacional”.
En ese sentido, Cisneros subrayó que el uso de grandes volúmenes de datos y modelos predictivos abre un debate crucial sobre la automatización de la violencia.
“Los algoritmos permiten procesar grandes volúmenes de datos personales, se cruzan patrones de movimiento, comunicaciones y geolocalización, y la toma de decisiones puede apoyarse en modelos predictivos, eso abre la pregunta de ¿puede existir una forma automatizada o dataficada de violencia masiva?”
Pese a este panorama, el especialista apuntó que la tecnología también puede convertirse en una herramienta para la justicia, al dejar huellas que facilitan la reconstrucción de los hechos.
“La nueva guerra algorítmica puede hacer más eficiente la destrucción, pero también puede hacerla más rastreable. Ningún crimen internacional, como es el caso del genocidio palestino, puede ni debe quedar impune”.
Así, la obra invita a repensar el concepto de genocidio en el siglo XXI, en un contexto donde la violencia se entrelaza con la innovación tecnológica, pero también con nuevas posibilidades de documentación, memoria y rendición de cuentas.
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