El Día de Muertos reúne tradiciones, expresiones culturales y encuentros familiares para recordar a quienes ya no están y preservar las costumbres mexicanas
David Pérez de Tejada / Ethan Balanzar
Primero y 2 de noviembre, los días en que el Panteón San Isidro se llena de vida. Desde muy temprano, familiares de pequeños fallecidos se dan cita en el camposanto para limpiar y arreglar las tumbas donde descansan sus seres queridos.
Tradicionalmente, el 1 de noviembre se espera a las almas de los niños, pero, al ser domingo, muchos aprovecharon para venir a compartir con sus difuntos, sin importar la edad, con el anhelo de pasar un rato más a su lado.
Entre música, ya sea grabada o con mariachi en vivo, la añoranza y el deseo de sentirlo cerca convocan un momento donde reír y también llorar forma parte del mismo abrazo.
Para la gente de Azcapotzalco, mantener viva la tradición es fundamental, como nos dice la señora Gloria García.
“Es para recordar a nuestros muertos, a la gente que queremos mucho y estamos aquí eh con esta tradición que año con año se ha este llevado a cabo y pues esperemos que nosotros ya mayores inculquemos a a los a los menores que lleven esta misma tradición de cada año con año eh recordar a sus muertos.”
Flores y ofrendas para recibir a sus difuntos
Las tumbas del panteón lucen coloridas con reguiletes, globos y los elementos de siempre: la flor de cempasúchil, fotografía del familiar y, en algunos casos, los alimentos o bebidas que tanto les gustaban en vida. Muchas familias aprovechan para comer y pasar allí unos momentos, pues, como nos cuenta la señora Elvia Martínez, todo el año se les recuerda, pero en estas fechas se sienten verdaderamente presentes.
“Todo el año los recuerdas pero sientes que hoy van a estar aquí contigo. El cempasúchil es lo que les abre el camino, es lo que les abre el camino para que lleguen contigo, el papel picado, la veladora, lo que les gusta. Pues es sentir eso, porque más que nada es corazón, es sentir que vas a estar cerca de de la persona que ama”
Según las estimaciones de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, hasta el mediodía del domingo ya había alrededor de 1,000 visitantes en la zona de niños y más de 1,300 personas en la de adultos, aprovechando que la festividad cayó en fin de semana.
La venta de flores y arreglos a las afueras del panteón también inunda de color el día. Hay ramos desde 20 pesos con distintos tipos de flores; por supuesto, muchos cempasúchiles, nube y flor de terciopelo.
Para las tumbas de los niños, los familiares adquieren globos y rehiletes con los que, entre sonrisas nostálgicas, van adornando las gavetas. Así, la tradición más hermosa de México vuelve a cobrar vida. Porque solo en nuestro país la muerte no es un adiós definitivo, sino una cita pendiente. Una mesa puesta para recordarle al tiempo que el amor nunca se apaga y que cada noviembre es simplemente un puente de abrazos hacia los que se nos adelantaron.
💀 Vecinos de la calle Francisco Santiago Borraz decoran el lugar con calaveras y altares de cartonería. 🎨 Personajes de la cultura popular, ofrendas, calaveras y alebrijes forman parte de esta expresión del Día de Muertos, que nació en 2011. @ethan_joestar https://t.co/5s4JuMVgUC
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) November 1, 2026
Día de Muertos en Tláhuac
Vecinos y vecinas de la calle Francisco Santiago Borraz, en la alcaldía Tláhuac, decoran sus calles con calaveras gigantes, altares de cartonería, alebrijes y personajes de la cultura popular para recibir a los visitantes. Esta expresión del Día de Muertos surgió en 2011 como una iniciativa vecinal.
En sus inicios, la celebración comenzó con la elaboración de figuras gigantes por parte de algunos habitantes. Con el paso del tiempo, la iniciativa se extendió de una cuadra a varias, hasta abarcar toda la calle, cuenta Narda, vecina y participante de la festividad con un puesto de comida.
“Esto empezó hace ya 15 años, empezó como algo vecinal […] todos los vecinos empezaron a hacer sus propias figuras y se fue alargando porque nada más era una cuadra, empezó de dos, tres cuadras y ya toda la calle”.
Organización y convivencia comunitaria
Actualmente, la organización continúa en manos de los habitantes, quienes se reúnen por cuadras para acordar la decoración y las actividades. Asimismo, no existe un reglamento para la venta de productos, por lo que cada vecino puede ofrecer lo que desee, sin que esto represente una competencia entre ellos.
Para la entrevistada, la celebración también representa una oportunidad para compartir las tradiciones mexicanas y transmitirlas a las nuevas generaciones. Además, destaca la importancia de recibir a personas de otros lugares y hacer de esta expresión cultural y familiar una muestra de las costumbres del país.
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