Arnulfo Eduardo Morales Galicia, médico e investigador de 25 años, será el encargado de representar a Jesús en la Semana Santa de Iztapalapa. Su preparación física, espiritual y mental refleja el compromiso con una tradición de más de 180 años,
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Carolina López Hidalgo
El joven de 25 años que representará a Jesús en la Semana Santa de Iztapalapa es Arnulfo Eduardo Morales Galicia, médico cirujano de profesión e investigador de parásitos. Desde el 11 de enero que fue seleccionado se ha preparado para representar a Cristo en su pasión y muerte, un orgullo para un habitante de Iztapalapa.
«Es algo muy importante y Creo que los iztapalapenses nacemos con ese gusto por la Semana Santa. Desde que yo tengo conciencia me acuerdo que he visto la representación, nunca me he perdido una Semana Santa en Iztapalapa, participar con el papel principal y más aún con este año que es algo muy importante que marca un hito histórico por el la declaratoria de patrimonio cultural y material de la humanidad por la UNESCO, pues es un orgullo, pero también estoy consciente que conlleva una gran responsabilidad».
No solo significa el cargar la cruz de 90 kilos, es llevar a cuesta una representación de más de 180 años. Es tradición, es compromiso y es responsabilidad ante una comunidad que desde 1843 realiza el Viacrucis como promesa al Señor de la Cuevita para ser salvados por la pandemia que azotó la Ciudad de México.
✝️ Ya está listo el montaje escenográfico para la representación 183 de la Vida, Pasión y Muerte de Cristo en #Iztapalapa.
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) April 2, 2026
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Arnulfo participó en esta por primera vez en el 2017 como el niño del tambor, un personaje que acompaña a Jesús con un instrumento anunciando el paso del Mesías con el sufrimiento y el dolor. En 2023 como apóstol Tomás y el año pasado como sacerdote de Domingo de Ramos.
«Yo no creería que en mi yo de 15 años iba a imaginarse que 9 años después estaría en el papel que veía con tanta ilusión representándolo».
La preparación para no fallar y ser partícipe de esta tradición se divide en tres ejes: lo físico, lo espiritual y lo mental. Y lo físico comenzó el día después de la elección. Diariamente, alrededor de las 2 de la tarde, acudía al cerro de la estrella. Comenzó cargando un tronco de cerca de 35 kilos en el hombro para tener sensibilidad, subiendo por una pendiente a la punta del cerro.
Después armaron una cruz de entrenamiento de más de 70 kilos arrastrándolo 1 kilometro entre dos o tres veces por semana, completando con ejercicios de fuerza y resistencia. En lo emocional no hay problema, cuando es un orgullo ser el personaje principal de una de las tradiciones más importantes de México, por eso es importante lo espiritual.
«Pues nosotros desde el primer domingo que quedamos electos acudimos a misa. A las 8 de la mañana aquí en la Catedral de Iztapalapa, aparte de reflexionar, escuchar la homilía y ser partícipes de la misa, también tenemos sesiones de misticismo en la que se nos da un contexto social y cultural de nuestros personajes y también de la representación para conocer los orígenes y pues al lo que nos caracteriza. A los izapaleenses. Pues yo también formo parte de un grupo juvenil aquí en la parroquia de San Lucas. Ya llevo prácticamente 4 años. Creo que la preparación pues comienza desde mucho antes y no basta solamente con prepararse dos meses para esto. Yo creo que es un momento de reflexión que va desde mucho tiempo atrás y que nace justamente con el deseo de querer algún día estar en ese papel».
De médico a Cristo: la historia del joven que protagoniza Semana Santa en Iztapalapa
Arnulfo, sentado en una de las bancas de la macroplaza, fue seleccionado entre 22 jóvenes vecinos. Está consciente de la responsabilidad, pero también comparte la dicha de participar. Ya que es una comunidad la que se prepara. Él tal vez sea el personaje principal, pero junto con él son cientos de personas que lo acompañan.
«Pues ahora somos reconocidos desde el punto de vista cultural social. Se debe de reconocer todo el esfuerzo comunitario que hay detrás de la representación. Todos colaboramos de una u otra manera, desde los que barren las calles para que pase la procesión y los nazarenos no se lastimen, los que nos regalan una botella de agua durante el transcurso de la procesión, una paleta de agua, naranjas que adornan las calles, las fachadas. Entonces, creo que todo eso esfuerzo comunitario se ve reflejado en la representación que pues tratamos de resguardar todos los años».
Este amor a la pasión de Cristo en Iztapalapa se dio porque su familia ha participado:
«En la década de los 40s, un Tío de parte de mi papá, pues participó como Cristo, cerca de 6 años. Después sería mi bisabuela que participó como samaritana, de mi papá que participó como nazareno 3 años. Posteriormente, pues viene uno de mis tíos de parte de mi mamá que participó como apóstol y después mi hermana y yo».
Y con él en esta semana santa estarán sus sobrinos y primos que lo acompañarán en las diferentes representaciones que se hacen por los ocho barrios de Iztapalapa, la última cena, el lavatorio de pies, la crucifixión de Jesús, la aprensión de Jesús, su crucifixión y muerte. Esta última es la más difícil al llevar por más de 2 kilómetros, una cruz de 90 kilos desde el jardín Cuitláhuac hasta el Cerro de la Estrella con los azotes que duelen.
«Pues de hecho durante los ensayos, alguno de los azotes que son parte de la escena muy representativa, sin duda son reales y sí duelen, pero también trato de prepararme mentalmente, de fortalecerme y de convencerme que lo que estoy haciendo quiero que sea un testimonio que trascienda. Pues trato de fortalecerme mentalmente para ese día concentrarme y creo que con la fe y la concentración, pues todo es posible».
Para Arnulfo, después de esta participación, regresará a lo que también ama, a su trabajo como médico cirujano. Continuará con los trabajos de investigación que ha dado frutos en algunas publicaciones y que tiene que ver con parasitología humana. En específico estudia la causa de la enfermedad de Chagas.
«Una de mis áreas que quiero desarrollar es justamente la investigación biomédica. Desde que empecé la carrera me sumergí en la investigación y pues desde allí no lo he dejado y hasta la fecha lo he lo he mantenido y es una de las cosas en las que quiero dedicarme y creo que puedo desarrollarlo más».
Arnulfo es hijo de Juan José y Beatriz, quien junto con su hermana viven en la calle Libertad. Una familia que se prepara y comulga activamente con esta representación de la Semana Mayor. Para el próximo año representará a Simón el Cirineo, cómo lo dicta la tradición.
«Lo que he aprendido y lo que estoy viviendo no debe de quedarse plasmado en una representación, sino que tiene que ser una muestra de mi vida diaria, entonces tengo que encajarlo en mi vida para poder seguirlo representando sin necesariamente tener una peluca y un vestuario».
Arnulfo Eduardo Morales Galicia considera que hay dos momentos que le han marcado su vida: el martes santo y la caída de Jesús:
«El martes santo que son las bienaventuranzas y los mandamientos, eso resume en mucho la esencia del mensaje de lo que es Jesús y del sacrificio, del amor y la entrega por el prójimo. Y uno que me conmueve demasiado es la segunda caída cuando Jesús va en su Viacrucis y se encuentra con María, que es prácticamente la despedida que me ha marcado mucho. Incluso hay ensayos en los que he llorado de verdad. Si me transmite mi compañera que es Erika que interpreta María y que justamente creo que es parte del proceso y es lo que realmente queremos, ser una muestra viva de lo que fue en ese tiempo Jesús y que pues el mensaje sigue vigente hoy en día».
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