La partería tradicional sobrevive en un mundo que busca criminalizar, eliminar y restringir esta práctica a través de la medicina y las leyes.
Escucha la mesa de conversación con Hannah Borboleta y Saskia Vargas.
IMER Noticias
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 5 de mayo Día Internacional de la Partera, como homenaje a todas las personas cuyas labores marcan la diferencia entre la vida o la muerte para un sin número de mujeres y bebés.
Por ello, Hannah Borboleta, partera y directora de Morada Violeta, y Saskia Vargas, integrante de la Red Mexicana de Parteras Autónomas conversaron sobre el tema para Entrelíneas con Adriana Esthela Flores.
A partir de la pandemia por Covid-19, pese al llamado de no salir de casa, Hannah mencionó que no incrementaron las solicitudes de labor porque había un miedo muy fuerte a la atención de las parteras. Esto, debido a su difamación y exclusión —que ha habido durante los últimos 200 años— por parte de la ginecoobstetricia.
En cambio, señaló que en lugares rurales sí aumentaron las solicitudes debido a que conocen más a fondo el modelo de partería:
«Sí incrementó mucho la atención de parteras porque las mujeres estaban más familiarizadas, pero en las ciudades eso no pasó tanto. Las solicitudes sí incrementaron pero de eso a que sí se atendieran con parteras, realmente no tanto».
Saskia coincidió en que no en todas las localidades hubo un aumento. En Oaxaca, las turistas que no podían regresar a sus países por la pandemia, sí acudieron con una partera. No por un deseo propio, sino porque no querían vivir el proceso de parto sin sus parejas en un hospital (bajo las medidas de restricción):
«Prefiero parir en casa porque está mi pareja, en el hospital estoy sola», muchas veces fueron orilladas más que desde el profundo conocimiento de decir que lo prefieren porque lo desean».
Desafíos de la partería tradicional
Saskia denunció que el sistema de salud no abre sus puertas a las parteras, al contrario, pone trabas a su labor respecto a:
- Entrega de certificados de nacimiento.
- Capacitaciones medicalizadas con insumos que no tienen en casa porque la atención de las parteras es muy diferente.
- Discriminación y criminalización.
«El sistema de salud en lugar de fomentar y aportar a la partería, pone trabas para eliminarlo, como una cacería de brujas pero a la versión moderna. Ya no nos queman pero no nos entregan certificados de nacimiento, le dicen a las mujeres que ya tienen su seguro popular para que se atiendan ahí y ya no vayan con nosotras.
Y nos piden que no atendamos los partos, sólo darles un masajito o una sobada».
Hannah, por su parte, detalló que la razón histórica es porque el sistema de salud adiestra en lugar de capacitar. Antes, la partería atendía a todas las mujeres desde hace 200 años, incluyendo salud sexual, reproductiva, menstruación y otras funciones.
Aún cuando los hombres crearon la ginecobstetricia, no lograron entender el cuerpo de las mujeres. Los conocimientos que tenían era sobre mujeres que morían en los hospitales, lo que llevó a que la mortalidad materna aumentara 10 veces más por infecciones en hospitales que por atenciones en casa:
«Las mujeres se morían al dar a luz, las abrían y dibujaban, pero el cuerpo muerto no funciona igual que un cuerpo vivo, entonces el conocimiento sobre los partos se basa en cuerpos muertos. Al mismo tiempo, empieza la difamación de las parteras, sobre todo, tachándolas como mujeres tontas, morenas y pobres, desde una visión racista».
Otros prejuicios, detalló, es obligar a las parteras a no cobrar lo mismo que un médico porque «no tienen profesionalización». Lo anterior, es una discriminación a partir de las leyes porque ahora cobran menos, pagan impuestos, se enfrentan al sistema de salud y ya no forman a otras mujeres para desempeñarse como parteras.
Reformas a la Ley General de Salud en materia de partería
A las parteras, reveló Hannah, no les favoreció la reforma a la Norma 020 en materia de partería y atención integral materna. La razón es que las quieren desaparecer, y denunció que el Estado no ha sido amigo de las parteras nunca. Sí hay personas que aprecian el trabajo, aclaró, porque no todo el mundo piensa igual, pero la estructura en sí del estado, no.
Ha habido un esfuerzo para criminalizarlas y restringirlas, ya que, en ningún país se han beneficiado de las leyes, ni a las parteras ni a las mujeres que buscan atenderse con ellas:
«Dicen que por seguridad de las mujeres, pero es mentira porque hay otras leyes que son más importantes como: tipificar el feminicidio, entornos seguros, evitar esterilizaciones forzadas, etc.».
Lo que le importa al Estado, afirmó, es quitar la autonomía de las mujeres, pero se mueren y son violentadas en los hospitales. La partería salva más vidas, aumenta la satisfacción de las mujeres y no tiene riesgos conocidos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En tanto, Saskia agregó que había entusiasmo por nombrar a la partería en las leyes de salud, pero «todo en papel es muy bonito y llevarlo a la práctica en instituciones públicas y de salud, es muy difícil».
Así, también estuvo de acuerdo en que no favorece a la autonomía de las parteras, las clasifican como personal no autorizado y no las reconocen. Sólo las nombran «parteras» cuando el personal médico las capacita y cumplen con una formación escolarizada.
Antes de la Norma 020, invitaron a parteras para unirse y revisar cada punto para saber qué beneficios obtenían, pero sólo hay arbitrariedades que a futuro podría afectarles.
Necesario apoyo de las mujeres
Hannah reflexionó que es una profesión muy bonita y con un saber crucial para la sociedad. Es tener paciencia, atender y acompañar el cuerpo, la salud y los procesos, crear espacios de parto, menopausia y menstruación:
«Es un trabajo que amamos profundamente y, por otro lado, nos sentimos criminalizadas por un país y gobierno que hace de todo para que no existamos y no trabajaremos. No prohíbe la partería pero pone trabas desde hace varios siglos. La sociedad cree que nos sabemos, nos va a cuestionar un montón y nos va a creer sólo la mitad que a un doctor».
Además, si desaparecen las parteras, sugirió, el mundo perdería concomimiento, cosmovisión, maneras de ver el cuerpo y la atención a las mujeres.
Finalmente, Saskia comentó que las parteras existen, persisten y sobreviven a un sistema social. Pero, insistió en que es un trabajo que no debería venir sólo de las parteras sino de las mujeres en general.
«Es un llamado de que necesitamos de su apoyo y que se presenten en las legislaturas y aboguen para que manden sus inconformidades, necesitamos de una sociedad que nos apoye, seguimos porque es una profesión bonita pero necesita más».
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