El tamal como símbolo cultural en la Candelaria. Tradición milenaria que une maíz, fe y convivencia comunitaria en la devoción al Niño Dios.
Escucha el especial con la producción de René de la Garza
Carolina López Hidalgo
La tradición de los tamales en los festejos de la Candelaria tiene un origen milenario. En México, se cuenta en el Popol Vuh que, a principios de febrero, se llevaba a cabo la celebración del inicio del Atlcahualo, una ceremonia que rendía tributo a dioses que ayudaban a la buena cosecha, como Tláloc, dios del agua, y Chalchiuhtlicue, diosa de la agricultura.
Años después, con el arribo de los españoles, llegó la tradición de la Candela, traída por los frailes franciscanos a México, en la que se venera y recuerda la purificación de la Virgen María, 40 días después de que naciera su hijo.
Al reunir estas dos cosmovisiones, tenemos como resultado un gran festejo que funde ambas ideologías; de ahí que los tamales estén presentes en casas, oficinas y espacios de convivencia.
El tamal como símbolo cultural, ritual y comunitario
En diversas plazas y esquinas de nuestro país se venden estos manjares mexicanos desde 20 hasta 50 pesos; por eso, mucha gente también se anima a cocinar en casa. La diversidad de sabores, estilos y colores está presente en nuestro país: desde los clásicos de salsa verde, mole, rajas y dulce, hasta especialidades de cada región, como el zacahuil de la Huasteca, el de bola de Chiapas y los deditos de Torreón.
“Como quien dice, somos hijos del maíz y es una tradición, en el sentido de que, pues, sigue prevaleciendo hasta la actualidad. Anteriormente, pues, era un tamal de ofrenda, de ritual, pero ahora ya no; ahora es un tamal festivo en donde, pues bueno, se consume para bodas, 15 años y celebraciones muy especiales.”
En casa, la gente compra y hace tamales, aunque también hay diversas ferias y espacios en los que se oferta este alimento. Es cuestión de que se acerque a conocer la variedad.
La hechura del tamal en nuestro país tiene más de cuatro mil años. Nuestros antepasados comenzaron a cocinar este manjar como una ceremonia que unía a la tierra con el cuerpo; así lo destaca el antropólogo Diego Prieto.
“El tamal, desde la antigüedad, está asociado en la cosmovisión al cuerpo humano, porque los seres humanos somos de maíz y, entonces, hacer un tamal de alguna manera puede significar, digamos, metafóricamente, hacer o remitirnos al cuerpo de los seres humanos, que también estamos hechos de maíz, como los tamales. De hecho, la festividad indígena que más se vincula con el tamal no es la Candelaria; es la festividad de muertos.”
El tributo a los dioses narrado en el Popol Vuh hace que la presencia del maíz en la mesa de los comensales sea tan importante, ya que se ofrendaba a las deidades por ser el alimento primordial de los pueblos originarios de México.
“En el caso de la Candelaria, yo creo que otra vez encontramos la relación del tamal con el cuerpo humano, que es el muñequito del Niño Dios. Entonces, lo vamos a recuperar simbólicamente en los tamalitos que le vamos a ofrecer a los familiares, a los amigos, a los compadres y a los vecinos (…). Y la fiesta de la Candelaria anuncia una festividad indígena muy importante, que es el carnaval, que de alguna manera representa, en la cosmovisión y en el calendario indígena, el inicio del año”.
La devoción detrás de vestir al Niño Dios
Otra de las acciones que la gente realiza este dos de febrero es vestir y bendecir al Niño Dios. Mucha gente utiliza trajes tradicionales, como el blanco, el de algún santo o ángel, como San Judas Tadeo, el Sagrado Corazón de Jesús, San Charbel, San Pedro, San Antonio o San José, aunque hay ciertos colores para el primer niño.
“Lo que más se vende también es ropón blanco, como para bautizarlo, o ropón crema o ropón azul. El ropón blanco es cuando es la primera vez que eres como madrina del niño y es la primera vez que vas a su casa y lo vistes. Se supone que el color azul es para cuando ya lo entregas. Aquí duran tres años siendo madrinas y, al tercer año, ya buscas otra madrina. A la madrina se le llama a la que compra el vestidito de cualquier santo que a ella le guste. O, a lo mejor, a veces es por enfermedad; también le ponen el Niño del Doctor o el Niño de la Salud”.
Los trajes varían de precios y de estilo.
“Desde hace 40 años, pues, los hacía antes: el de palomitas, el del Niño de la Salud, el de Zacatecas de Atocha, el San Judas Tadeo, el Sagrado Corazón de Jesús, el Niño de la Abundancia y el Niño de San Martín Caballero. Casi todos sé, y San Charbelito, que apenas empieza. (…) Pues hay desde el económico, que lo damos a 80, 100 o 150 pesos, según también el tamaño.”
Sin embargo, este año del Mundial hay gente que está vistiendo a esa imagen con trajes de equipos de fútbol, un atuendo con el que se pide que México, en este caso, logre obtener un buen lugar en la competencia mundialista. Los atuendos son difíciles de encontrar, ya que, en ocasiones, las personas que visten a los niños no están de acuerdo con esta práctica.
“Yo no los visto de futbolista. (…) Francamente, hasta en la iglesia les piden que, por favor, no los vistan de lo que no es el Niño Dios, o sea, el Niño Jesús, simplemente como él era de niño, bueno, todavía de bebé, pues sí se las pasa, pero sí, de futbolista no.”
Así, los tamales y un buen atuendo para la figura del Niño, y con la fe de que haga el milagro para la Selección Mexicana de Fútbol, enmarcan las fiestas de la Candelaria de este año.
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