La huelga de la UNAM de 1986-1987 reunió a estudiantes contra las reformas de Jorge Carpizo. El conflicto incluyó marchas multitudinarias, debates públicos y la suspensión de los reglamentos.
Escucha este especial de Rafael Burgos con la producción de Diana Susano.
Rafael Burgos
Recordamos el movimiento estudiantil universitario de 1986 y 1987. Un parteaguas que paralizó a la Universidad Nacional Autónoma de México y abrió un debate sin precedentes sobre el modelo de educación superior en nuestro país.
¿De qué se trató y qué provocó la huelga?
Para entender las causas de esta protesta histórica debemos regresar a abril de 1986. En aquel momento, el rector Jorge Carpizo presentó el diagnóstico Fortaleza y Debilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México. En el documento, Rectoría señalaba deficiencias en el rendimiento escolar, bajo nivel académico y problemas severos de cupo en las facultades.
A partir de este diagnóstico nació el llamado «Plan Carpizo». En una sesión maratónica los días 11 y 12 de septiembre de 1986, el Consejo Universitario aprobó un paquete de 26 reformas a los reglamentos de Pagos, Exámenes e Inscripciones. La aprobación exprés provocó el rechazo inmediato de los consejeros estudiantiles, quienes acusaron que los textos no se distribuyeron con tiempo para su análisis. La comunidad universitaria vio en estas medidas un proyecto elitista y restrictivo, diseñado para reducir la matrícula y alinearse a las políticas de austeridad del gobierno.
Los tres ejes del conflicto
El conflicto se concentró en tres ejes principales:
Primero: El aumento de cuotas. Aunque la inscripción de licenciatura se mantuvo en 200 pesos, se incrementaron los cobros en posgrado y servicios, vinculándolos al salario mínimo y a tarifas en dólares para extranjeros. Los estudiantes acusaron la privatización del conocimiento y el fin de la gratuidad educativa.
Segundo: La restricción del pase automático. Quienes venían de Preparatoria y CCH debían terminar en tres años con promedio mínimo de ocho para ingresar directo a la licenciatura. De lo contrario, irían al concurso de selección. Para los jóvenes, esto era un filtro para expulsar a los sectores de menores recursos.
Y tercero: Límites a la permanencia. Se eliminó la segunda vuelta de exámenes ordinarios y se fijó un tope de exámenes extraordinarios. Además, se exigió un 80 por ciento de asistencia obligatoria. Las medidas ignoraban la realidad sociodemográfica de la UNAM, donde más de una tercera parte del alumnado trabajaba para sostener sus estudios.
Ante esto, el movimiento estudiantil exigió la derogación inmediata de los reglamentos. Así lo manifestaba su representante, Antonio Santos, en las mesas de diálogo:
«El Consejo Estudiantil Universitario, órgano representativo de los estudiantes, viene a manifestar aquí… que pedimos la derogación no solo por el contenido… sino también por los procedimientos que se utilizaron. Hemos señalado en varios foros… que esta reforma, que estas modificaciones fueron ilegales, o fueron aprobadas ilegalmente y que son antidemocráticas, porque nunca hubo la posibilidad de incidir por parte de la comunidad universitaria».
Por su parte, la administración central defendía las reformas argumentando rezagos académicos y una permanencia excesiva en las aulas. La postura oficial quedó plasmada en la voz de Ernesto Velasco, representante de la Rectoría:
«Se fijó un criterio general de medición que refleje el level académico determinado; en segundo lugar, hacer congruente la evaluación con la dinámica de los planes y de los programas…. Los planteamientos y medidas que reformaron el reglamento, de ninguna manera restringen la capacidad instalada, ni se basan en otro criterio de selección que no sea el parámetro académico».
El estallido de la huelga
El estallido de la huelga no se construyó de la noche a la mañana. Tras el regreso a clases en octubre de 1986, la indignación se transformó en organización. Las asambleas en preparatorias, CCHs y facultades derivaron en la creación del Consejo Estudiantil Universitario, el CEU, el 31 de octubre de ese año.
El movimiento tomó las calles. El 21 de enero de 1987, más de cien mil personas marcharon del Casco de Santo Tomás al Zócalo de la Ciudad de México, mostrando un sólido respaldo popular.
Del 6 al 12 de enero se realizó un histórico debate público e itinerante en el auditorio Justo Sierra. Las transmisiones en vivo por Radio UNAM mostraron dos proyectos de universidad encontrados. Sin embargo, el diálogo se estancó: la Rectoría ofreció matizar la aplicación de las normas, pero rechazó derogarlas.
Agotadas las vías institucionales, la ruptura fue inevitable. A la medianoche del 28 de enero de 1987 estalló la huelga general. Las banderas rojinegras se colocaron en la Torre de Rectoría y en los accesos a Ciudad Universitaria, paralizando por completo a la Máxima Casa de Estudios.
Este choque entre la defensa de la educación pública y las exigencias de austeridad encendió la chispa de un paro histórico que obligó a suspender los reglamentos y a convocar al Congreso Universitario. Un movimiento que dejó una huella imborrable en la historia social y política de México.
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