Cada semana en el Zócalo de la Ciudad de México se imparten clases para aprender a usar una silla de ruedas
Clases para el uso de silla de ruedas
Irma Cuevas
Aunque parece sencillo, usar una silla de ruedas implica romper barreras tanto físicas como mentales. El primer paso es aceptar la necesidad de utilizarla para después aprender a manejarla.
Desde abril de 2025, Pilares Tenochtitlán cuenta con clases para el uso de la silla de ruedas que se imparten en el Zócalo una vez por semana, por parte de instructores especializados que también pasaron por el proceso de adaptación a la vida con discapacidad.
Mauricio García inició el grupo “Rodando Meyehualco” con 67 participantes. De colaborar en la Utopía de la zona, pasó a dar la clase en el centro Pilares, donde se ha convertido en maestro, amigo y confidente de los alumnos.
“Soy el instructor principal, soy el que les doy la capacitación y soy el que les doy toda la introducción para que ellos aprendan a manejar el uso y manejo de las ruedas. Hay usuarios que no saben desplazarse, como bajar unas escaleras, bajar una rampa en dos puntos o subir una rampa en dos puntos y esa es mi labor, al menos en Pilares quiero compartir la filosofía que me fue compartida por Vida Independiente”.
Sebastián López es originario de Chiapas. Desde hace nueve años, está en condición de discapacidad debido a la tuberculosis. Su silla de ruedas fue una donación, por lo que decidió mudarse a la Ciudad de México para aprender a usarla correctamente.
“Enseña bien para para no pedir ayuda, más que nada caminar solo, rodar solo en las calles. Y ya puedo andar solo en la calle, salgo solo en la tarde y noche, lo que no puedo es subirme solito en las banquetas Quiero aprender a subir escaleras”
En promedio, una silla de ruedas tiene un costo de 13 mil pesos, pero el precio varía dependiendo de las necesidades de cada usuario; por ejemplo, las sillas para deportistas pueden alcanzar los 50 mil pesos.
Omar Romero, instructor de clases en silla de ruedas
Omar, vida independiente con discapacidad motriz
En abril pasado, Omar Romero, participó en su silla de ruedas en la Clase Masiva de Box que se realizó en el Zócalo de la Ciudad de México.
Tiene 38 años; hace cinco, un 24 de diciembre, sufrió un accidente mientras viajaba en su motocicleta sobre la Glorieta de la Palma, en Reforma, cuando buscaba los regalos de Navidad de su familia.
Aceptar la discapacidad no fue fácil y mucho menos adaptarse a su nueva vida. En un principio se deprimió y se aisló, rechazando categóricamente usar la silla de ruedas.
“ Una persona en silla de ruedas se enfrenta a la discriminación, al rechazo, a las barreras arquitectónicas, a la falta de oportunidades, al que la gente te vea mal, el que te ignore, el que si vas con un acompañante y tú preguntes algo se dirijan hacia el acompañante, entonces te enfrentas con todas estas barreras “
Ahora, Omar es uno de los instructores más entusiastas en el taller que se imparte en el Zócalo capitalino, donde imparte no solo técnicas para el uso de la silla de ruedas, sino para ver de frente a la vida.
“ Quiero decirle a todas las personas con discapacidad, que cuando yo adquirí la discapacidad pensé que era el único, creí que el mundo se me terminaba, creí que no existía nada más, pero que sepan que no, que somos muchos y que estamos para ayudarles, que estamos para que salgan, para que conozcan el mundo y una frase que aquí hay es nada de nosotros sin nosotros y la otra es domina tu silla, decide tu vida.“
Fernando Cortés, con turbo pero sin frenos
Fernando Cortés,una discapacidad no es limitante para el deporte
Vivir con una discapacidad no es un limitante para mantenerse activo y contribuir en la práctica del deporte.
Es el caso de Fernando Cortés, uno de los participantes más entusiastas en las actividades del Zócalo, quienes buscan sensibilizar en el respeto y la cultura para las personas con una discapacidad y a ser independientes con el uso adecuado de la silla de ruedas.
Fernando se motiva con la frase “Con turbo pero sin frenos” con la que ha superado las barreras de la discapacidad, y ha aprendido a compartir su amor por el deporte y la actividad física.
“ Y pues aquí andamos dándole con turbo y sin freno. Esa es mi frase, quiere decir con todo y que nada te detenga, todo es posible en esta vida y pues yo soy la muestra.”.
Hace treinta años, sufrió una doble amputación en las piernas; desde entonces, utiliza prótesis y vehículos adaptados como un coche y una moto para poder trasladarse por la Ciudad de México.
Fernando decidió abrir un gimnasio en Azcapotzalco, donde conviven atletas convencionales y personas con discapacidad. Fer los motiva entrenando al parejo de ellos y mostrando cómo puede moverse usando sus prótesis y apoyándose en la andadera.
“ Estoy para fomentar y apoyar el deporte y motivar a más compañeros con capacidades diferentes igual que yo o discapacidad. En Azcapotzalco.tengo un gimnasio y se activan 200 personas diarias ahí, convencionales y uno o dos con capacidad diferente.”
Las clases para el buen uso de la silla de ruedas se imparten cada miércoles, de diez de la mañana a una de la tarde.
Cada semana, el número de alumnos varía dependiendo de la posibilidad del amigo o familiar que les acompaña a tomar la clase, ya que muchos aún no aprenden a moverse solos en el metro y las calles del Centro Histórico.
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