A 50 de libertad en España, el país revisa su memoria histórica a través de la literatura, el testimonio y el exilio. Escritores como Paco Cerdá y Luis García Montero reflexionan sobre las consecuencias del franquismo, la posguerra y la dictadura que continuó más allá de 1975. Obras literarias fundamentales y nuevas publicaciones invitan a repensar un pasado que sigue marcando el presente.
Carolina López Hidalgo
“En este avenimiento de la memoria en el que estamos actualmente, no solo debemos combatir el olvido, sino también las mentiras. En esta época de realidades alternativas —que no es nueva, pero sí más intensa y con más medios que nunca— la memoria se enfrenta a dos grandes adversarios. Recordar es volver a pasar por el corazón, y es justamente ahí donde anidan las emociones, que son la materia prima de la literatura.
No es la razón, no es la historia: son las emociones. Hablar de memoria es hablar del presente; es entender cómo nos sirve el pasado para este mundo en el que vivimos”.
Para el escritor Paco Cerdá, el franquismo, en cada una de sus etapas, marcó profundamente las letras españolas. En la literatura quedaron plasmados el desazón, la indiferencia, la falta de lucha y la venta de almas que se gestó en una dictadura que no terminó con la muerte de Franco, sino que continuó porque la propia sociedad no supo tomar un rumbo distinto.
Este 20 de noviembre, España conmemora cinco décadas del fallecimiento de uno de los gobernantes que más exiliados provocó en su país. Bajo el lema “50 años de libertad en España”, el gobierno impulsa una reflexión cultural y social sobre los momentos que marcaron a la sociedad y que diversas vertientes literarias han abordado.
La posguerra: una forma de continuar la guerra, 50 años de libertad en España
Es el caso de la obra de Paco Cerdá, Presente, donde expone las mentiras construidas a lo largo del tiempo y cómo no se ha asumido plenamente la realidad de un país que sufrió —y sigue sufriendo— las consecuencias de aquella época.
“La posguerra fue otra forma de continuar la guerra. Una de las grandes mentiras de la dictadura fue el bando del 1 de abril del 39: ‘La guerra ha terminado’. Fue el único bando que Franco escribió de su puño y letra. Ahí empezaba el exilio, la cárcel, la represión política a gran escala y los fusilamientos que se alargarían durante todos los años cuarenta. A mi propio bisabuelo lo fusilaron en el 43.
Si no es que se volvió más cruel, porque ya no había una guerra, no había necesidad bélica: era una ansia sistemática de depuración, de aniquilación de la disidencia, de castigo ejemplar. Desde la represalia contra un maestro de pueblo, hasta el fusilamiento de un dirigente comunista. La posguerra fue una guerra por otros medios”.
Para Luis García Montero, poeta y director del Instituto Cervantes, el exilio español pudo ser menos devastador gracias al apoyo de México y de países que entendieron el desarraigo que vivieron miles de personas.
“En los momentos difíciles de la historia, la solidaridad de México abrió puertas de manera hospitalaria. Muchos de los protagonistas más significativos de la cultura republicana española encontraron casa aquí cuando tuvieron que salir de España. Al recordar a Max Aub, a Adolfo Sánchez Vázquez, a José Gaos, a Pedro Bosch, a Juan O’Gorman o a José Puig, pensamos en México y en ese diálogo profundo y solidario entre ambos países”.
Los hijos del exilio español en América Latina
Numerosos autores españoles han abordado en sus obras la muerte de Franco. Así, la transición y la época posfranquista para comprender lo ocurrido. Muchas reflejan la complejidad del cambio político y social, y esa deuda pendiente con la historia.
Entre ellas se encuentran Antagonía (tetralogía) de Luis Goytisolo, que recorre la sociedad española desde los años cuarenta hasta la transición; Las cuatro esquinas de Manuel Longares, que capta el ambiente del final del franquismo y el inicio de la democracia. Así como poemas de resistencia y libertad de Miguel Hernández, César Vallejo, José Ángel Valente, Luis Cernuda, Garfias y Joan Brossa.
“Lorca decía: ‘La luz es sepultada por cadenas y ruidos, en impúdico reto de ciencia sin raíces’. Qué importante la ciencia, qué importante la técnica; pero si ambas se quedan sin raíces, terminan trabajando para un enjambre de monedas furiosas, taladrando el corazón de niños abandonados y no al servicio de la sociedad”.
También destacan novelas históricas como la trilogía de José María Gironella —Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos, Ha estallado la paz—; Mañana no será lo que Dios quiera de García Montero; y la serie Episodios de una guerra interminable, de Almudena Grandes. Autores como Miguel Delibes (Los santos inocentes) y José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!) también aportan miradas esenciales.
Por ejemplo, la más reciente es Presente, de Paco Cerdá, una obra que retoma la memoria para impedir el olvido.
“Que los hijos del exilio español en América Latina puedan conocer de primera mano cómo fue el origen inmediato de la posguerra. Ha habido distintas guerras civiles, pero también muchos franquismos, no uno solo. El primer franquismo, el más inmediato, bebía directamente del corpus fascista: de aquellas camisas azules, tan hermanas de las camisas pardas nazis y tan ligadas al régimen de Mussolini. Me interesa que esos hijos y nietos del exilio puedan tener contacto directo con esa simiente dictatorial que, diez años después, quedó opacada y desdibujada”.
Finalmente, la literatura ha plasmado lo que durante años se silenció. Hoy sigue presente ese eco: el silencio que permitió muertes, exilios y abusos de un gobierno que no terminó el 20 de noviembre de 1975 con la muerte de Francisco Franco.
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