Según la OMS, más de mil millones de personas viven con trastornos de salud mental.
Luz Rodríguez
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que más de mil millones de personas en todo el mundo viven con algún trastorno de salud mental, como depresión, ansiedad u otras condiciones graves. Este dato revela una crisis global que afecta tanto al bienestar individual como al desarrollo social y económico de los países.
A pesar de que la salud mental ha ganado visibilidad en los últimos años, los avances en servicios, cobertura y financiamiento siguen siendo limitados.
Poco acceso a tratamientos o terapias adecuadas
La OMS subraya que los sistemas de salud no están respondiendo con la urgencia ni con los recursos necesarios para atender esta creciente demanda.
Una de las principales causas de esta situación es la falta de inversión. A nivel global, solo alrededor del 2 por ciento del presupuesto de salud se destina a la salud mental. En los países de ingresos altos se invierten unos 65 dólares por persona, mientras que en los de ingresos bajos apenas unos centavos.
Esta desigualdad financiera provoca que millones de personas no puedan acceder a tratamientos o terapias adecuadas.
A ello se suma la escasez de profesionales especializados: en promedio, solo hay 13 trabajadores de salud mental por cada 100 mil habitantes, lo que limita gravemente la capacidad de respuesta de los sistemas de atención.
2020: Mejoramiento de planes de salud
Desde 2020, los países han mejorado significativamente sus políticas y planes de salud mental. Muchos han actualizado sus políticas, han adoptado enfoques basados en los derechos y han potenciado las actividades de preparación para brindar apoyo en la esfera de la salud mental y psicosocial durante las emergencias sanitarias.
Sin embargo, estos progresos no se han traducido en reformas legales. Pocos países han promulgado o aplicado leyes sobre la salud mental basadas en los derechos, y solo el 45 por ciento de los países señaló que su legislación cumplía plenamente las normas internacionales de derechos humanos.
Estigma y discriminación en temas de salud mental
También influyen factores sociales y estructurales. El estigma y la discriminación continúan siendo barreras importantes, ya que muchas personas evitan buscar ayuda por miedo a ser juzgadas o rechazadas.
Además, las condiciones de pobreza, desempleo, violencia y conflictos agravan los problemas psicológicos, especialmente en comunidades vulnerables.
Las crisis globales, como las pandemias o el cambio climático, también han incrementado los niveles de ansiedad, estrés y depresión en amplios sectores de la población.
Las consecuencias de esta crisis son profundas. Los trastornos mentales se encuentran entre las principales causas de discapacidad en el mundo y provocan pérdidas significativas en productividad laboral, educación y cohesión social. Uno de los impactos más graves es el suicidio, que cada año causa cientos de miles de muertes, siendo una de las principales causas de fallecimiento entre los jóvenes.
Detrás de cada cifra hay historias de sufrimiento que podrían evitarse con una atención oportuna y adecuada.
Transformación de servicios y leyes que garanticen la salud
Frente a este panorama, la OMS hace un llamado urgente a ampliar y transformar los servicios de salud mental. Es necesario aumentar la inversión pública, capacitar más profesionales, garantizar leyes que protejan los derechos humanos y ofrecer servicios comunitarios que estén más cerca de las personas.
En lugar de depender de hospitales psiquiátricos, se deben fortalecer los centros de atención primaria y los programas de apoyo psicosocial.
La tecnología también puede ser una aliada, permitiendo que más personas accedan a orientación psicológica a través de la telemedicina.
Acompañamiento a la salud mental
El acompañamiento en salud mental no solo implica atención médica, sino también apoyo emocional y social. Se debe promover la educación emocional en:
- Escuelas
- Lugares de trabajo
- Comunidades
Además de fomentar el diálogo sobre salud mental y reducir el estigma.
El acompañamiento familiar y comunitario es clave para detectar señales de alerta, ofrecer contención y facilitar la búsqueda de ayuda profesional.
La salud mental debe dejar de ser un tema secundario y convertirse en una prioridad global.
Garantizar atención, respeto y apoyo a quienes enfrentan estas condiciones no solo mejora la vida individual, sino que fortalece el bienestar colectivo y el desarrollo de las sociedades.
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