Rodrigo Moya, fue un artista del lente cuya mirada humanista le permitió visibilizar las luchas sociales, la desigualdad y la pobreza.
Carolina López Hidalgo
Falleció a los 91 años el fotoperiodista Rodrigo Moya, un artista de la lente cuya mirada humanista le permitió visibilizar las luchas sociales, la desigualdad, la pobreza y la belleza de las zonas que visitó a lo largo de su vida, así como el alma de uno de los guerrilleros más emblemáticos, con sus icónicos retratos al Che Guevara.
“La fotografía es un detonador de la memoria, es un objeto que se guarda, es la diferencia con la foto digital, es una es un objeto tangible que guardas, que te cuenta tu historia, la de tus padres, la de la familia, tus eh viajes. Entonces, tienes a acumulación que ayuda a la memoria».
Rodrigo Moya nació el 10 de abril de 1934 en Medellín, Colombia. Su padre fue escenógrafo y su madre, ama de casa.
La foto le llegó después de estudiar Ingeniería Civil en la UNAM, un desacierto que le llevó a tomar un curso en Televicentro sobre producción, pero fue Guillermo Angulo quien lo introdujo al mundo de la imagen, como lo declaró, en su momento, a Notimex.
“Aprendí hace 60 años el oficio y sigo trabajando a la antiguita, imprimen plata gelatina, excepto las grandes que son de plotter y y pues sigo enamorado de esa forma de trabajar”.
Ya con su nuevo oficio comenzó a trabajar en distintas revistas como Impacto y Sucesos, en las que registró desde conflictos armados como:
- La Revolución Cubana.
- Guerrillas en Venezuela y Guatemala.
- Invasión de Estados Unidos a República Dominicana.
- Hasta los pequeños bosquejos de la vida cotidiana.
Hace un par de días, el periódico la Jornada recordó que fue en agosto de 1964, en el marco de las celebraciones del triunfo de la revolución Cubana, cuando se dio a conocer la imagen del Che Melancólico, por la que más se le reconoce a este artista.
La foto sale de una serie de 19 retratos, en los cuales el guerrillero aparece barbón, con naturalidad y la mirada afligida. Él fue una fuente de inspiración y se notó, ya que tras la muerte del comandante, dejó la fotografía para crear la revista «Técnica pesquera» que dirigió por más de 20 años.
Expuso su trabajo fotográfico en diversos museos
Tras una enfermedad, Rodrigo Moya se separó del periodismo y se fue a vivir a Cuernavaca, Morelos. Ahí, junto con su esposa, reorganizó su archivo y comenzó a darle un nuevo impulso a su trabajo fotográfico, creando diversas exposiciones que se presentaron en museos como:
- Arte Moderno de San Francisco.
- Museo Amparo de Puebla.
- Centro de la Imagen en en México.
- Palacio de Bellas Artes.
“En mi época, cuando yo empecé, era un sub oficio. Ahora la fotografía ha cambiado de clases sociales y tiene ya un reconocimiento. La ejercen gentes ya de otros niveles sociales. Antes la fotografía, te hablo de los 50, era un oficio menor. Es una de las grandes desventajas de la foto digital con todas sus maravillas. Si quiere un dato interesante, el año pasado se tomaron 293 billones de fotografías, de los cuales solamente el 7% fueron impresas. Es decir, la fotografía digital se ha convertido en en un juguete universal con imágenes sin destino”.
Su labor siempre fue reconocida. Recibió la medalla al Mérito Fotográfico, homenaje en el Festival Internacional de la Imagen y la presea Cervantina.
Como fotógrafo, fue un testigo de una época llena de luz y oscuridad, de contrastes y devenires que plasmó con maestría. Hoy, deja como acervo sus imágenes y su trabajo como editor, el cual quedará en México.
“El archivo lo considero un patrimonio personal. Mi mujer me ayuda mucho a manejarlo, mi hijo también y bueno tengo un nieto que tiene ya 25 años, interesado también. Lo único que quiero es que no se vaya al extranjero porque he tenido ofertas del exterior para adquirirlo o en parte, pero no, yo quiero que se quede en México”.
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