La obra “El Baile de los 41” revive en el Panteón de San Fernando un episodio clave de la historia LGBT+ en México y reflexiona sobre la libertad sexual, las apariencias y la memoria histórica.
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Carolina López Hidalgo
En medio del panteón de San Fernando, pasando las tumbas de Benito Juárez, Margarita Maza de Juárez, Vicente Guerrero, Ignacio Comonfort, José Joaquín Herrera, Xicoténcatl, Dolores Escalante y Francisco Zarco entre cientos más, en la carpa que cubre del sol y la lluvia, fue el escenario de la obra «El Baile de los 41», que aborda uno de los episodios más significativos de la historia de la diversidad sexual en México.
Un tema que por años se contó, pero se buscó esconder ya que en realidad, la madrugada del 18 de noviembre de 1901 en la Ciudad de México, cuando la policía realizó una redada en una fiesta privada de hombres, de los 42 se escondió el nombre de uno ya que, Don Porfirio Díaz oculto a uno por su cercanía familiar.
«Bueno, a ver, es que si al señor le gusta el menú masculino, pues no le puedes llegar con ensalada».
La historia mezcla el pasado con el presente, la compañía lleva a través de la risa a reflexionar sobre las posturas, la hipocresía social, el silencio de la homosexualidad y la apertura a un mundo que siglos después sigue censurando y bloqueando la libertad sexual, como lo comentó el dramaturgo Omar Alekey.
«Está el este el referente actual, Danna Paola es el referente actual de Gloria Trevi, esta cercanía tan fuerte con la comunidad y con la sociedad que dices, Ok, nos estamos inclusive riendo de nosotros mismos como sociedad, pero mira, somos un espejo, tú te ves así cuando dices, Voy a aparentar algo que no soy».
🎭 El Panteón de San Fernando presentó la obra “El Baile de los 41”, que aborda un episodio significativos de la historia de la diversidad sexual en México.
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) July 26, 2026
🏳️🌈La puesta en escena propone una reflexión sobre la memoria, la discriminación y la lucha por la libertad.
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El Baile de los 42, fue una fiesta de la libertad
El misterio de la finca de La Paz y el Baile de los 42, fue una fiesta de la libertad de una virilidad impuesta, fue una reunión de homosexuales que dejaron de aparentar y mostraron sus preferencias.
Era un espacio libre, abierto y socorrido por personas que no eran ellas, que se enfrentaron a burlas, a oscuridad y a la denominada muerte en vida, un evento histórico que sigue doliendo a la comunidad.
«Es un tema que aún a tantos años sigue doliendo justamente a la comunidad LGBT, que es a la cual también yo pertenezco. Entonces, digo, o sea, si a esta parte nos duele, ¿por qué siempre verlo como una forma de de señal, ¿no? O sea, como señalarlo como si fuera una cosa del demonio, ¿no? Vamos a reírnos, vamos a reírnos un poquito, vamos a reírnos de Porfirio Díaz. El texto no solamente es la parte de vamos a enmarcar el suceso, ¿no? Sí lleva un trasfondo más fuerte que es las apariencias».
La risa es el elemento que nos lleva a repensar el sacrificio de muchos seres humanos que tuvieron que aparentar.
Una noche en donde los abanicos de plumas relucieron, los grandes vestidos robados de sus parejas, con maquillajes europeos que tapaban la barba y con el bigote refinado, distinción de la época.
Al final, la puesta en escena fue de entrada libre, al final los actores pidieron cooperación voluntaria y el público en su mayoría asiduo visitantes sin chistar, depositaron las monedas y billetes en agradecimiento de una hora y media llena de sabor, canciones y reflexiones que siguen presentes.
«No, pues el tema es muy interesante y sobre todo porque son temas históricos y muy bien presentada, muy divertida, muy divertida. Los actores estupendos, se ven estupendos».
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