La industria cinematográfica enfrenta el reto de institucionalizar mecanismos de protección y supervisión para prevenir abusos y garantizar condiciones dignas durante los rodajes.
Escucha nuestra conversación con Nicolás Ruiz sobre la ética en el cine mexicano.
IMER Noticias
El periodista cultural y crítico de cine Nicolás Ruiz señaló que el caso de la película Manos Negras evidencia la falta de mecanismos institucionales para prevenir y denunciar agresiones durante los rodajes. En entrevista para IMER Noticias, planteó la necesidad de supervisar las producciones que reciben financiamiento público y garantizar condiciones dignas para quienes participan en ellas.
La industria cinematográfica mexicana cuenta con protocolos para proteger a personas que no pertenecen profesionalmente al gremio, así como a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, Ruiz consideró que estos mecanismos necesitan institucionalizarse para garantizar su aplicación durante las filmaciones.
Explicó que existen medidas específicas para proteger a las infancias y adolescencias, además de protocolos para las escenas de intimidad y contenido sexual. Entre estas herramientas destacó la participación de coordinadores de intimidad, quienes deben procurar que las personas involucradas en un rodaje no enfrenten malos tratos ni daños psicológicos.
“Todos estas comunicación todas estas formas de protección existen y deben más bien institucionalizarse”.
En este sentido, Ruiz planteó que el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) debe asumir responsabilidades de supervisión en las producciones que reciben recursos públicos, incluidos los financiamientos de FOCINE y EFICINE.
Supervisión y protección en los rodajes
El periodista consideró que las condiciones de seguridad deben formar parte de los requisitos para acceder a financiamiento público. Asimismo, propuso establecer mecanismos que permitan suspender los recursos cuando una producción vulnere la integridad de quienes participan en ella.
También sugirió incorporar personal encargado de vigilar las condiciones de trabajo directamente en los sets, así como habilitar canales anónimos para que integrantes del equipo puedan denunciar irregularidades y solicitar una revisión.
Para Ruiz, estas medidas permitirían atender situaciones que no siempre llegan a denunciarse, debido al temor de perder un empleo o al prestigio de quienes dirigen las producciones.
“Lo que a mí me me parece muy muy fuerte de este caso es que yo creo que es la punta del iceberg de una situación que tal vez ha ocurrido muchísimas veces en la historia de nuestro cine y que simplemente no ha habido los mecanismos para denunciarla”.
La responsabilidad ética de hacer cine
Por otra parte, Ruiz abordó la representación cinematográfica de comunidades en condiciones de vulnerabilidad. Al respecto, recuperó el concepto de pornomiseria, una crítica que surgió entre cineastas latinoamericanos desde los años setenta contra la explotación de los problemas sociales para atraer el interés de festivales extranjeros.
Como ejemplo de otra forma de hacer cine, mencionó el trabajo de la directora y actriz Ángeles Cruz, cuyas producciones involucran a las comunidades en las historias, procuran un trato digno y remuneran la participación de sus integrantes.
El periodista contrastó este modelo con las producciones que, desde una mirada externa, representan realidades que no conocen a profundidad ni buscan transformar.
Finalmente, advirtió que las exigencias de ciertos festivales internacionales pueden favorecer narrativas que exotizan a las comunidades e incluso vulneran a personas que viven en contextos de desigualdad.
“Porque ninguna película puede estar por encima de la dignidad de las personas”.
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