Los estándares de belleza y la presión sobre los cuerpos de las mujeres abren una nueva discusión frente al auge del body positive.
Escucha nuestra conversación con Julia Didriksson sobre el regreso de los ideales de delgadez extrema, los estándares de belleza y la relación entre cuerpo, consumo y feminismo.
IMER Noticias
Frente a los ideales de belleza que durante años han impuesto una idea de cómo “debería” verse un cuerpo, el movimiento body positive propone una mirada distinta: reconocer, aceptar y valorar la diversidad de formas, tamaños y características físicas.
En entrevista con IMER Noticias, la comunicadora y activista feminista Julia Didriksson analizó el regreso de discursos relacionados con la delgadez extrema y su vínculo con modelos tradicionales de feminidad, consumo y control sobre los cuerpos de las mujeres.
El retorno de la delgadez
En este sentido, Didrickson explicó que, después del auge del movimiento body positive y otras expresiones vinculadas al feminismo, actualmente regresan ideales corporales que marcaron décadas anteriores.
La activista señaló que este fenómeno está relacionado con la imagen de una mujer asociada a la ultraderecha y a valores tradicionales.
“Así como en la década de los 2000, hoy regresa el deseo de la delgadez extrema que va vinculada también con la ultraderecha y este modelo de mujer tradicional que si nos ponemos a ver las referencias en redes sociales en revistas, este modelo de mujer tradicional es una mujer delgada”, afirmó.
Además, la activista señaló que la sociedad presenta la imagen de una mujer delgada y con un cuerpo trabajado como un símbolo de éxito, disciplina y esfuerzo constante, lo que coloca nuevamente la apariencia física como un elemento central en la construcción de la feminidad.
“Pareciera que hoy el valor de las mujeres vuelve a recaer en la belleza y en los valores tradicionales de la feminidad”, indicó.
Cuerpo y consumo
Por otro lado, durante la conversación, Didriksson destacó que el cuerpo de las mujeres continúa siendo un espacio de disputa política debido a factores relacionados con el capitalismo, el consumo y las inseguridades generadas por redes sociales y medios de comunicación.
Asimismo, explicó que discursos como el bienestar, el amor propio y el autocuidado también pueden incorporarse a una lógica de mercado cuando se convierten en prácticas ligadas al consumo de productos y servicios.
En este contexto, mencionó el crecimiento de industrias relacionadas con medicamentos para bajar de peso, cirugías estéticas, moda y belleza.
“ Habría que preguntarnos quiénes se benefician con las inseguridades que las redes sociales, los medios de comunicación inauguran en las mujeres.”, cuestionó.
Impacto en la salud
Además, la comunicadora también advirtió sobre los riesgos de normalizar nuevamente la extrema delgadeza como un ideal corporal. Destacó que la presión por modificar el cuerpo puede generar problemas de imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria, especialmente entre niñas y adolescentes que tienen como referencia a figuras públicas con cuerpos hiperdelgados.
“Los famosos trastornos de la conducta alimentaria que pues los podemos ver incluso en niñas de 12, 13 años”, enfatizó.
De igual forma, agregó que esta problemática no solo tiene una dimensión de género, sino también de clase, porque los tratamientos, medicamentos y recursos necesarios para alcanzar esos estándares corporales no están al alcance de todas las personas.
Reto político
Finalmente, Didriksson relacionó estos discursos con el avance de movimientos de ultraderecha y los retos que enfrentan los movimientos feministas y progresistas.
También afirmó que existe una resistencia contra las agendas de igualdad de género, los derechos humanos y los derechos sexuales y reproductivos.
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