La violencia en la Montaña de Guerrero provoca desplazamientos forzados y deja a familias indígenas refugiadas en cerros y pueblos.
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Karen Tlali
La crisis de violencia en la Montaña de Guerrero volvió a encender las alertas tras los recientes desplazamientos forzados de familias indígenas que huyeron de sus comunidades ante el avance de grupos armados.
En entrevista para El Acento con Adriana Esthela Flores conversamos con Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, sobre el deterioro de la seguridad en la región y la situación que enfrentan cientos de personas obligadas a abandonar sus hogares.
Desde Tlapa, Guerrero, el defensor de derechos humanos relató que las comunidades viven jornadas de incertidumbre y miedo, mientras mujeres, niñas y niños buscan refugio en iglesias, poblados vecinos o incluso en el monte para escapar de los ataques.
“Pues sobre todo el desplazamiento forzado de las familias, que su mayoría pues son madres y niños pequeños, algunos bebés. (…) Otras familias se fueron a una comunidad vecina que se llama Buenavista (…) algunas más optaron por irse al cerro porque pues no hay más protección que perderse en el bosque y pues ahí permanecer con los niños y es algo sumamente grave”.
Comunidades huyen del crimen armado
Barrera explicó que algunas de las personas desplazadas permanecieron refugiadas en la comunidad de Alcozacán, considerada uno de los últimos puntos donde los habitantes intentan resistir ante el avance de los grupos criminales.
“Ahí estuvo refugiado un gran número de personas desplazadas de las otras comunidades (…) ayer se hablaba de que estaba avanzando el grupo armado quemando cerros y con camionetas para meterse a esa comunidad”.
El director de Tlachinollan señaló que durante las últimas horas habitantes pidieron auxilio y evacuación, aunque las condiciones de seguridad impidieron el ingreso inmediato de ayuda.
“Ayer tuvimos varias llamadas de personas que querían que las fuéramos a rescatar, pero la verdad les decíamos que estábamos buscando a las autoridades para que llegaran ellas y fueran ellas con cuerpos de seguridad a rescatarlos (…) y entonces pues es grave bastante que sean estos grupos los que impidan el paso, los que controlen las entradas”.
Crisis humanitaria en la Montaña
Durante la conversación, Abel Barrera subrayó que la violencia en la región no es nueva y recordó que desde hace más de una década las comunidades indígenas han enfrentado ataques constantes, asesinatos y amenazas relacionadas con la expansión del crimen organizado.
“Este problema se ha agudizado desde el 2015, tiene ya más de una década (…) ha habido un asedio permanente como que la intención de este grupo de la delincuencia es quitar a estas comunidades que los consideran como sus adversarios”.
Asimismo, advirtió que la presencia de organizaciones criminales se ha extendido prácticamente por todo Guerrero, donde incluso algunos grupos ya controlan actividades económicas y estructuras locales.
“Ya está poblado de grupos de la delincuencia en los 81 municipios (…) la delincuencia ya no es que llegan, sino que ya están adentro y se ha incrustado en algunos municipios dentro de la estructura municipal”.
Frente a este panorama, el activista pidió que las autoridades reconozcan la dimensión humanitaria de la crisis y mantengan presencia permanente en la región para garantizar protección a las comunidades.
“Yo creo que ahorita es muy importante que se escuche el llamado de las familias desplazadas, que no se minimice el hecho y que esto tiene raíces profundas y que pues se reconozca que hay una crisis humanitaria en esta región”.
Las organizaciones civiles continúan exigiendo atención urgente para las familias desplazadas, mientras persiste el temor entre habitantes de comunidades indígenas que permanecen bajo amenaza en la Montaña de Guerrero.
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