A través de Caravaneros, Douglas Oviedo comparte su experiencia en la caravana y muestra el dolor y la esperanza del camino migrante.
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Karen Tlali
En entrevista para Entrelíneas con Patricia Betaza conversamos con el activista, pastor y escritor hondureño Douglas Oviedo sobre su paso por la caravana migrante de 2018, la transformación que marcó en su vida y el testimonio que hoy comparte a través de su libro Caravaneros, presentado recientemente en Tijuana.
A casi una década de aquel movimiento migrante que visibilizó la magnitud del desplazamiento centroamericano, Oviedo reconstruyó su experiencia desde una perspectiva íntima, atravesada por contrastes: el dolor del trayecto y la fuerza colectiva que lo sostuvo. Explicó que la caravana no solo significó caminar miles de kilómetros, sino enfrentar condiciones límite que redefinieron su manera de entender la vida y la esperanza.
“Para mí la caravana me cambió la vida por completo, fue una de las mayores experiencias que pude vivir. La verdad que ahí se conocieron muchas cosas, sufrimientos, dolor, tristeza, cansancio, pero también la fuerza, la motivación, la esperanza de ver un pueblo luchando por cumplir su sueño americano”.
El también autor detalló que su recorrido desde Honduras hasta la frontera norte de México tomó aproximadamente un año, tiempo en el que atravesó distintos contextos de vulnerabilidad. Aun así, su historia tomó un rumbo distinto al lograr obtener asilo en Estados Unidos en 2019, proceso que describió como una oportunidad excepcional frente a la realidad de miles de migrantes que permanecen en incertidumbre legal.
“Pude ganar mi asilo al 100% y ahora ya soy residente. Ha sido una bendición, me siento privilegiado porque sé que hay muchas personas que siguen en procesos o que no tienen ningún documento. En mi caso fue diferente, y por eso trato de aprovechar cada oportunidad que tengo”.
Migrar para sobrevivir: riesgos, violencia y esperanza
Durante la conversación, Oviedo también profundizó en los riesgos que enfrentan quienes migran, especialmente en su tránsito por México, donde la violencia, la discriminación y la precariedad se convierten en constantes. Desde su experiencia, la migración implica una lucha diaria por sobrevivir en entornos hostiles.
“El migrante es un sobreviviente, porque sabe que no está en su tierra y que cualquier cosa le puede pasar. Creo que lo más difícil es sobrevivir en México: enfrentar la xenofobia, la discriminación y la falta de oportunidades. En el tren, muchos han sido secuestrados y les exigen dinero, incluso hasta la muerte. El hambre se puede aguantar, porque hay gente buena que ofrece un bocado de comida o agua. Pero lo más duro es saber que hay que enfrentar todos esos riesgos y aun así luchar por sobrevivir”.
En ese mismo sentido, recordó escenas que marcaron su paso por las rutas migratorias, incluyendo experiencias previas como el uso del tren conocido como “La Bestia”, donde presenció accidentes y situaciones de alto riesgo. Sin embargo, también destacó los gestos de solidaridad que encontró en su camino, particularmente en Tijuana, ciudad que considera clave en su historia personal.
“Llegar a Tijuana fue muy especial porque ahí fue donde todo empezó. Mucha gente creyó en mí, me apoyó, y eso me permitió hacer cosas como escribir mi libro o trabajar con la comunidad”.
El activista insistió en que la migración responde a condiciones estructurales que obligan a miles de personas a abandonar sus países de origen, más allá de cualquier narrativa aspiracional. Desde su experiencia, se trata de una decisión forzada por la falta de oportunidades, la violencia y la desigualdad.
“No se trata de migrar por gusto, sino porque nos obligan: no hay oportunidades, trabajo ni seguridad. Las pandillas extorsionan y hay muertes de jóvenes; esto es producto del gobierno. Si el gobierno está mal, el pueblo también. La gente migra porque quiere crecer y sacar adelante a su familia; no le queda otra opción que buscar una mejor vida”.
El testimonio de Douglas Oviedo, recogido en Caravaneros, no solo documenta una experiencia individual, sino que abre una ventana para comprender las múltiples dimensiones de la migración en la región: desde el riesgo y la pérdida, hasta la resiliencia y la búsqueda constante de dignidad.
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