En entrevista, Luis García Montero critica a Donald Trump y defiende el español como lengua de resistencia, destacando el papel de la poesía frente a la desinformación y el autoritarismo.
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Laura Velarde
En entrevista para EntreLíneas con Adriana Esthela Flores, el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, reflexionó sobre el papel de la poesía en tiempos de crisis y lanzó una crítica directa al discurso del presidente estadounidense Donald Trump, particularmente por su postura frente al idioma español.
El escritor defendió la utilidad de la poesía en una época marcada por la prisa, la desinformación y los discursos manipuladores.
«Para mí la poesía significa la reivindicación de un tiempo que no es una mercancía de usar y tirar sino que es un valor del ser humano que tiene que ver con la memoria, con la capacidad de pensamiento, con el tiempo que se merece un ser humano para ser dueño de su propia conciencia.
Así lo firmó el poeta al señalar que frente a un mundo que convierte el tiempo en mercancía, el poema representa una pausa necesaria para pensar, cuestionar y construir identidad.
En ese contexto, García Montero advirtió sobre el avance de discursos autoritarios, el resurgimiento del machismo y el poder de las élites económicas —a las que denominó “tecnoligarcas”. Puesto que, buscan desmantelar derechos sociales y manipular a la sociedad a través de redes y medios de comunicación.
«Una identidad cerrada, dominadora que no respete la diversidad sobre el español»
Uno de los puntos más contundentes de la entrevista fue su respuesta a las críticas de Donald Trump hacia el idioma español. García Montero subrayó que estos ataques no solo van dirigidos a países como México o España, sino que afectan directamente a la propia identidad diversa de Estados Unidos.
«Cuando Donald Trump se mete con el idioma español, pone en juego varias cosas. La primera, no nos creamos que Donald Trump se mete con México, que es el país con más número de hablantes o con España, se está metiendo con la propia Norteamérica entendida como diversidad, porque Norteamérica tenemos registrados más de 60 millones de ciudadanos con pasaporte norteamericano de origen hispano, de los cuales tienen el español como lengua materna 40 y tantos millones. Estados Unidos es seguramente el segundo país de hablantes nativos de español.
Entonces, ¿qué está poniendo en juego? Pues la idea de una identidad cerrada, dominadora que no respete la diversidad y que utilice el utilitarismo para imponer una sola perspectiva sobre los otros. Lo que quiere es recuperar un imperialismo que imponga a los demás su propia identidad».
Afirmó, al recordar que más de 60 millones de ciudadanos estadounidenses tienen origen hispano y que decenas de millones hablan español como lengua materna, lo que convierte a ese país en uno de los principales territorios hispanohablantes del mundo.
Para el poeta, el rechazo al español responde a una visión cerrada e imperialista que busca imponer una sola identidad cultural:
«Y por eso le molesta el español como lengua porque es una lengua con muchas posibilidades, es una lengua con muchas posibilidades de comunicación y eso yo lo he estudiado como filólogo y lo mantengo desde el Instituto Cervantes porque el español aprendió muy pronto que para defender nuestra unidad había que respetar la diversidad.
Entendió maldito idioma porque consideró que los españoles éramos malos y nos estábamos enfrentando a él y aprovechó ya para decir que va a multiplicar los aranceles con los negocios de origen español y ya aprovechó para criticar en la cultura hispánica porque está interesado en convertir a Latinoamérica en el patio trasero del capitalismo norteafricano».
En contraste, defendió que el español ha logrado consolidarse como una lengua global precisamente por su capacidad de integrar diferencias.
García Montero advirtió que el lenguaje también es un campo de disputa política. En su opinión, el ataque al español forma parte de una estrategia más amplia de dominación cultural y económica, que pretende reducir la pluralidad del mundo en favor de intereses oligárquicos. Frente a ello, reivindicó el idioma como herramienta de resistencia democrática:
«Yo creo que en Estados Unidos y frente a Donald Trump, el español es un la lengua de resistencia, como resisten todos aquellos demócratas que dentro de Estados Unidos y como ciudadanos de Estados Unidos no quieren dejarse arrastrar por la nueva versión dictatorial que representa el capitalismo de las grandes tecnológicas».
Finalmente, el poeta insistió en que la defensa de la democracia pasa tanto por lo público como por lo íntimo. Dijo, al destacar que la poesía no solo interviene en el debate político, sino también en la forma en que las personas construyen su conciencia y su libertad.
«Yo creo que seguir en esa lucha es pedir tiempo para pensar. La dimensión ética y política de la poesía no es solo la lucha contra una dictadura o el compromiso con un ideal político de un partido político. La historia pasa también por la intimidad y en ese sentido la reflexión de la poesía es una indagación en la educación sentimental.
Tenemos que formar la educación sentimental de la sociedad, porque cuando decimos estamos respondiendo a unos valores y si queremos emancipar, mejorar, transformar la sociedad, hay que transformar, emancipar nuestras educaciones sentimentales y para eso la poesía es muy importante, porque no solo habla de un debate político, el genocidio que se produce ahora en Palestina, las amenazas contra América Latina de Donald Trump, sino que habla también de la intimidad de cómo los hombres, las mujeres vivimos un momento histórico y podemos ser seres libres que redefinan su propia independencia y su propia conciencia o convertirnos en seres manipulados por bulos para que el poder».
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