Bloodys, la colectiva que acompaña a mujeres en sus abortos, busca expandir la Marea Verde de Tijuana a Estados Unidos.
Escucha este especial con la producción de René Garza
Hazel Zamora
Desde hace casi una década, la colectiva “Bloodys” acompaña a mujeres en sus procesos de aborto en Tijuana e incluso más allá de la frontera.
“En ese tiempo no tenía información, absolutamente nada. Al contrario, cargaba con muchos estigmas sobre la sexualidad de las mujeres. Era un tema que yo ya venía reflexionando mientras vivía mi sexualidad y tomaba decisiones sobre mi vida”.
A sus 28 años, Crystal tuvo un aborto.
Era 2012. En ese momento, el aborto sólo era legal en la Ciudad de México y, para ella, la alternativa más cercana estaba en Estados Unidos.
Ella es originaria de Tijuana, Baja California. Como ocurre con muchas personas de la frontera norte, también cuenta con la nacionalidad estadounidense.
Fue a través de una amiga que supo que en California podía acceder a este servicio médico. Consiguió un préstamo y viajó sola para interrumpir su embarazo.
Migrar para abortar, sin información ni acompañamiento, marcó su historia y la llevó a crear la primera red a favor del derecho a decidir en Tijuana: la colectiva Bloodys.
“Entonces, después de ahí, empezó ese proceso que todavía continúa hasta la fecha: esta parte introspectiva de ver qué sucedió y cómo sucedió. Y, si me sucedió a mí así, que tengo estos accesos, este carácter y este modo, ¿cómo lo están viviendo otras mujeres?”.
De la despenalización al acceso
Desde 2016, Crystal y la colectiva Bloodys acompañan a mujeres en sus procesos de aborto en Tijuana. Incluso, tras la despenalización en 2021, siguen ahí, para que los servicios locales cumplan su derecho.
Hoy, en Tijuana es posible abortar a través de instituciones públicas, clínicas privadas y mediante medicamentos que se consiguen con facilidad en las farmacias de la ciudad, orientadas al turismo médico, en especial de personas estadounidenses.
«Me refiero a un paraíso en Tijuana también, en este sentido de que somos turismo médico y de que, desde que se ha empezado a socializar que las pastillas se pueden, en teoría, conseguir sin receta médica. Como aquí en Tijuana hay muchísimas farmacias, entonces cada vez es más común que las mujeres logren comprar las pastillas de manera sencilla. Pero si en alguna farmacia no se las entregan, pues les decimos: Vete a otra, hay muchas. Vete a otra, a otro nombre, a otro tipo de farmacia, y probablemente ahí te las entreguen».
Sin embargo, para quienes no cuentan con recursos económicos o buscan acceder al programa del Estado, el camino sigue lleno de obstáculos.
En las clínicas públicas, por ejemplo, se les solicita acudir con un ultrasonido previo, lo que implica un gasto adicional.
“A veces también es una pérdida de tiempo y de transporte para ellas. Es como cuando van al lugar a pedir su proceso de aborto y les dicen: ‘Es que tienes que tener ultrasonido’. Y, bueno, se tienen que retirar”.
Los horarios de atención también funcionan como una barrera, especialmente para quienes trabajan, estudian o tienen responsabilidades de cuidado.
El programa de aborto seguro solo atiende de ocho de la mañana a dos de la tarde, de lunes a viernes.
A estas dificultades se suman los estigmas del personal médico, particularmente en la aplicación de la Norma Oficial Mexicana 046 (NOM 046), que garantiza en todo el país el acceso al aborto a víctimas de violación, sin necesidad de presentar una denuncia penal.
De acuerdo con Crystal, hace tres años conocieron en Tijuana el caso de una niña que había sufrido violencia sexual, pero el personal médico se negó a practicar el aborto.
“Al parecer, el tema fue que el pediatra comentaba que podía hacer el proceso, pero que, si el producto llegaba a estar activo, él iba a tratar de salvarlo. Entonces, no tenían más personal que pudiera concluir ese servicio por las semanas. Al final, no lograron respetar la decisión de la menor.”
La NOM 046 establece que las instituciones públicas deben contar con personal capacitado y no objetor de conciencia. Y si no pueden brindar el servicio, están obligadas a referir de inmediato a las mujeres y niñas a otra unidad médica. Sin embargo, como muestra este caso, la ley no siempre se cumple. Por eso, el trabajo de las colectivas y redes de acompañamiento sigue siendo clave para exigir y vigilar que los derechos de las mujeres y las niñas se cumplan.
“Sí, se han metido iniciativas; las han metido fulanita, fulanito, lo que ustedes quieran, partidos políticos. Pero si no hubiera sido por los movimientos sociales de las feministas y de las acompañantes de aborto, esos avances no se hubieran dado.”.
Migrar la Marea Verde
Ese acompañamiento ha cruzado fronteras, especialmente hacia Estados Unidos. Desde 2022, tras la eliminación del derecho constitucional al aborto y el endurecimiento de las leyes en varios estados, las Bloodys también acompañan a mujeres estadounidenses que buscan interrumpir un embarazo.
El acompañamiento se realiza a distancia, a través de plataformas digitales, y en algunos casos han cruzado los medicamentos a Estados Unidos. Tan solo este año, han realizado cinco acompañamientos transfronterizos.
Lo que buscan es que el movimiento de la Marea Verde, que en América Latina ha logrado ampliar el acceso al aborto fuera de las clínicas, también pueda abrirse paso en Estados Unidos.
“Las Bloodys queremos migrar la marea verde, que es de toda Latinoamérica, a Estados Unidos. Me gusta usar esa palabra porque migrar también carga estigmas y criminalización. Entonces, que eso les caiga todavía más: migrar la marea verde. Así como se han apropiado de territorios y culturas, ahora apropíense de esto, háganlo suyo”.
Para Crystal, los retos en torno al aborto en Tijuana y en México son claros: no retroceder en el derecho a decidir; garantizar que el acceso a los servicios sea real en los estados donde ya se ha despenalizado; y abrir la discusión para ampliar el plazo legal más allá de las 12 semanas de gestación, como ocurre en otros países.
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