Amelia Frank Vitale advierte que la intervención de Donald Trump en las elecciones de Honduras es inédita, contradictoria y genera tensión en el proceso democrático.
Escucha nuestra conversación con Amelia Frank Vitale y Alberto Nájar, con una producción de José Plascencia.
IMER Noticias
En Honduras, la campaña electoral llegó a su punto más tenso no sólo por la disputa interna, sino por la irrupción de una voz externa con enorme peso político: la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Desde Tegucigalpa, la antropóloga y observadora internacional Amelia Frank Vitale, integrante de la delegación de Global Exchange, describe para El Acento con Alberto Nájar el ambiente con una palabra: “shock”. No se refiere a los mítines, ni a las encuestas, sino a los mensajes que Trump ha lanzado directamente al electorado hondureño.
En dos publicaciones en su cuenta oficial, el mandatario estadounidense no sólo expresó su apoyo abierto al candidato del Partido Nacional, Tito Asfura, sino que presentó la elección como un plebiscito entre “democracia” y un supuesto avance “comunista” en la región. En esos mensajes, Trump promete que Estados Unidos respaldará con fuerza a Honduras si Asfura gana, advierte que no seguirá “tirando dinero” si triunfa otro candidato y, además, ofrece un indulto total al expresidente Juan Orlando Hernández, encarcelado en Estados Unidos, al que califica de tratado “duramente e injustamente”.
Para Amelia Frank Vitale, se trata de algo inédito:
“La intervención de Donald Trump en las elecciones de Honduras es inédita; nunca habíamos visto algo así de Estados Unidos”, afirma.
No es sólo que un presidente extranjero dé su opinión: es que condiciona apoyo económico y político al triunfo de un aspirante y felicita por adelantado a un exmandatario que enfrenta acusaciones graves.
La observadora relata que el impacto ha sido transversal:
“Fue un shock para todos, sin importar el partido o la ideología, que el presidente de Estados Unidos se mostrara tan abiertamente partidario”, explica. Los mensajes no llaman a respetar el proceso ni a garantizar la paz; más bien, “Trump no llama a respetar la democracia, dice a quién prefiere y amenaza al país si no vota como él quiere”.
En las sedes de campaña y en las calles, esa intervención se lee con preocupación. Según Vitale, en todos los partidos se preguntan qué efectos puede tener en el voto del domingo:
“Hay preocupación en todos los partidos sobre lo que implican sus palabras para el proceso electoral”, señala.
Pero el mensaje que más indigna a muchas personas, cuenta la especialista, es la contradicción entre el discurso y las políticas migratorias. Amelia Frank Vitale, cuya área de estudio es precisamente la migración, subraya que Trump está enviando estas señales mientras ha cancelado el TPS para hondureños y ha endurecido las deportaciones.
“Trump está diciendo a los hondureños por quién votar mientras cancela el TPS y aumenta deportaciones”, resume. En sus recorridos y conversaciones con habitantes, ha escuchado una idea que se repite:
“Hay indignación: el mismo partido que nos obligó a huir ahora quiere influir en nuestros votos”.
Para Vitale, lo que ocurre en Honduras no es un episodio aislado, sino parte de una estrategia regional. Recuerda los mensajes de Trump sobre elecciones en otros países y las operaciones militares en el Caribe como parte de una política de presión.
“Sus mensajes forman parte de una estrategia regional de presión política y militar”, advierte.
“Es una política de amenazas que vemos en toda la región”, agrega, aludiendo a un discurso que combina la lucha contra la migración y la defensa de intereses económicos.
Frente a este contexto, la observadora insiste en que, a pesar del ruido externo, las autoridades electorales hondureñas y las misiones de observación se han preparado para un proceso limpio y transparente.
“Todo está listo para un proceso limpio; el pueblo quiere elecciones sin violencia”, asegura. El deseo mayoritario, dice, es sencillo y profundo: que los resultados reflejen la voluntad popular.
Sin embargo, los mensajes que desde Washington ponen en duda la limpieza de las elecciones antes de que se emita un solo voto añaden presión a un escenario ya delicado.
“Los mensajes de fraude desde Estados Unidos antes de la votación generan tensión y no ayudan a consolidar la democracia hondureña”, concluye Vitale.
Mientras se acerca el domingo electoral, Honduras se mueve entre la expectativa de una jornada pacífica y la sombra de una injerencia que, según observadores como Amelia Frank Vitale, marca un precedente preocupante para la soberanía y la democracia del país.
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