La jequesa Al-Mayassa trabaja para que Qatar sea el centro de las artes, la moda, la arquitectura y la cultura en el Medio Oriente.
Vanessa Nambo
Históricamente, Qatar fue el punto de reunión para los comerciantes de perlas, pigmentos, telas y otros productos que navegaban por el Golfo Pérsico. De hecho, en 1860 comenzó a tejerse la alfombra mágica del profeta, una pieza artística creada con más de dos millones de perlas, diamantes y rubíes que mide 2,64 metros de largo por 1,73 metros de ancho, por desgracia se desconoce qué sucedió con esta alfombra.
Para los años 30, este tipo de comercio quedó con el descubrimiento de vastos yacimientos de petróleo, los cuáles rápido empezaron a ser explotados por unas cuantas compañías británicas.
El emir Khalifa bin Hamad Al Thani, quien posteriormente fue derrocado por su hijo, inició un desarrollo importante para Doha, creando rascacielos como símbolo de la nueva prosperidad del país.
El edificio más alto de ellos es la Aspire Tower con 300 metros de altura, 33 metros menos en comparación con la torre más alta de la Ciudad de México, Mítikah.
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