La falta de agua en Ecatepec impacta la vida de miles de mujeres, quienes enfrentan problemas de seguridad, salud e higiene por el desabasto en la Quinta Zona.
Escucha este especial de Natalia Matamoros.
Natalia Matamoros
En la Quinta Zona de Ecatepec, conseguir agua puede significar levantarse de madrugada, perseguir una pipa por calles vacías, cargar cubetas, instalar bombas o aprender a bañarse con apenas unos litros. Para miles de mujeres, además, la escasez ha convertido una tarea doméstica en un problema de seguridad, salud y violencia.
María Isabel Valverde lo sabe de la manera más dolorosa. Para llevar agua hasta el tercer piso de su casa había instalado tinacos y una bomba. Era la única manera de vencer la falta de presión y almacenar un poco de líquido cuando finalmente llegaba a la red.
La madrugada del 12 de diciembre de 2024 descubrió que algo estaba mal. El agua no subía. Al salir para revisar encontró que la bomba había sido arrancada. Estaba sola. Cuando se asomó para saber qué había ocurrido, un hombre se acercó y abusó de ella.
El agresor fue detenido y actualmente se encuentra preso, pero para María Isabel la historia no terminó con su encarcelamiento. Dos años después, sigue sin agua.
«Tengo los papeles de que he ido a Condóminos, pero no me dan solución, entonces las demás vecinas sí me dicen de que les falta en la semana, pero un día a la semana llegan y se apuran para juntar, pero yo no puedo hacer eso porque no tengo manera de tomar agua desde la cisterna, no me dejan poner mi bomba».
Ella debe ingeniárselas para rendir el agua que compra por pipas y en garrafones.
«Nosotros compramos cloro, ya no tenemos conectada la lavadora al desague, echamos a lavar la ropa y esa agua se junta en botes también, se le pone cloro y después se reutiliza para echársela al baño o para trapear, para lavar. ¿Usted compra pipa?, sí los mil litros de agua están en 350 pesos».
Su caso muestra el rostro más extremo de una crisis que desde hace años atraviesa la vida cotidiana de la Quinta Zona.
La búsqueda diaria de agua se convierte en un riesgo para las mujeres: la falta de agua en Ecatepec
En esta región de Ecatepec, habitantes de 38 colonias llevaron hasta los tribunales la batalla para exigir un suministro suficiente y permanente. El pasado 24 de agosto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció su interés legítimo y ordenó adoptar medidas inmediatas y de mediano plazo para atender un desabasto que calificó como estructural.
Las autoridades municipales aseguran que durante 2026, el abasto mediante tandeo pasó de 30 a 85 por ciento gracias a la rehabilitación de pozos, plantas potabilizadoras y parte de la infraestructura. Sin embargo, el propio gobierno de Ecatepec reconoce que la red hidráulica continúa deteriorada y presenta fallas constantes.
Y la carga recae principalmente en las mujeres. Bertha Morales puede pasar buena parte de la noche pendiente de la llegada de una pipa. Dice que algunas veces debe “cazarla” hasta cerca de la una de la mañana, salir de casa, caminar por calles prácticamente vacías y negociar con los piperos para convencerlos de que lleven el agua hasta su domicilio.
Cada semana destina alrededor de 500 pesos para conseguir unos mil 100 litros. Pero ni siquiera alcanza para todo.
Cuando Bertha y su hija adolescente están menstruando, priorizan el agua para su higiene íntima. En ocasiones se bañan únicamente de la cintura hacia abajo para reducir el riesgo de infecciones y reservar el resto para cocinar, lavar, limpiar o utilizar el sanitario.
«Cuando tenemos el periodo es priorizar nuestra higiene íntima. No puedo lavarme completamente porque hay que economizar agua, hay que priorizar ese tipo de cuidados para estar bien esos días, justamente cuando hay escasez de agua. Muchas veces lo que hago es que me rinda para poder lavar, trapear el patio, es reciclar el agua de la misma lavadora para el baño, no utilizar agua limpia».
La escena se repite con distintas variantes en otros hogares. Elsa Arroyo, coordinadora de la Asociación Mujeres, Democracia y Ciudadanía en Ecatepec, da cuenta de que adolescentes han llegado a faltar a la escuela durante su periodo menstrual.
«Las niñas que menstruan y que no tienen agua, muchas deciden no ir a la escuela para no exponerse a las burlas de que apestan, de que no se bañaron, de que cierren las patas porque huele a podrido o el camarón se está pudriendo y comentarios de ese tipo».
La Quinta Zona: vivir con la llave seca
La falta del líquido también golpea a mujeres que atraviesan otros momentos. Quienes regresan a casa después de una cesárea necesitan lavar y cuidar las heridas para reducir el riesgo de infección. Para ellas, abrir la llave y encontrar apenas unas gotas deja de ser únicamente una incomodidad: puede convertirse en un problema de salud.
Así, el agua determina cuándo bañarse, cuándo lavar la ropa, cuándo limpiar una herida e, incluso cuándo salir de casa, dice Elsa.
La paradoja alcanza también a las instituciones encargadas de atender a las propias mujeres. El Centro de Justicia para las Mujeres de Ecatepec también ha enfrentado problemas de abastecimiento. Así lo cuenta Sonia Gutiérrez, coordinadora de Defensoras Populares de Ecatepec.
«Las mujeres que van a ir a realizar sus denuncias pasan cerca de 12 horas al día para que les puedan levantar una denuncia, en base a todo este tiempo quedan en exposición que no hay agua, y por lo tanto tienen que salir a los alrededores del centro un baño, supuestamente digno, ir a las casas que rentan baños para que puedan hacer sus necesidades, no».
En la Quinta Zona la crisis hídrica no termina en una llave seca. Tiene rostro de mujer.
Es Bertha esperando una pipa pasada la medianoche. Es una adolescente calculando si podrá ir a la escuela durante su menstruación. Es una madre recién operada reservando agua para limpiar una herida. Y es María Isabel subiendo hasta el tercer piso para revisar una bomba porque el agua no llegó.
Historias distintas unidas por la misma carencia. Cuando el agua deja de llegar a las casas, alguien tiene que salir a buscarla, administrarla, cargarla y decidir para qué alcanza. Y en esta parte de Ecatepec, esa responsabilidad sigue descansando, sobre todo, en las mujeres.
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