El presidente Andrés Manuel López Obrador declaró monumento artístico el conjunto en el que se localizan el Centro Scop, antes Oficinas Centrales de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Escucha este trabajo especial de Julián Vásquez con la producción de Adria Aceves
Julián Vásquez
La Ciudad de México puede ser conocida como “la ciudad que lo tiene todo”, pues cuenta con sitios históricos y artísticos que revisten cada barrio de la capita, aunque algunos de ellos fueron abandonados a la inclemencia del tiempo y las catástrofes.
Un monumental ejemplo es un espacio cuya preservación ha estado en peligro: el centro SCOP, emblema arquitectónico de la colonia Narvarte.
Fernando Solís Cámara, vecino de la unidad habitacional IMSS-Narvarte desde que tenía un año seis meses de edad. Es decir, desde siempre. La unidad fue parte de un conjunto urbano para alojar las oficinas de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, el centro SCOP, y así nació la Unidad Habitacional Scop-Narvarte en la década de 1950.
«Yo llegué aquí, a la unidad habitacional, cargado de los brazos de mi mamá. Nosotros vivíamos en diagonal de san antonio y la calle de Icacos, y mi mamá venía al mercado, entonces vio que estaban terminando la construcción de la unidad habitacional.
Le llamó la atención, se acercó, le dijeron; como enfermera y trabajando para el seguro social, pues no tuvo ninguna dificultad para que le otorgaran esa prestación social, así fue».
El proyecto desarrollado para un estrato social medio que iba en ascenso, con la idea de fusionar la imagen de modernidad con el nacionalismo. Entonces se recurrió a un movimiento artístico histórico: el muralismo.
El responsable del diseño fue arquitecto Carlos Lazo Barreiro, quien se concentró en aplicar un concepto novedoso para la época, como lo explica Guillermina Guadarrama, Maestra en Historia del Arte por la UNAM.
«En el caso concreto del centro SCOP, además, muestra lo que se llamó la integración plástica, era la unión entre pintura, escultura y arquitectura, en ese caso no fue pintura, fueron fibras de color natural unidas con un concepto arquitectónico y unidas con un concepto escultórico.
Esto es importante porque fue un movimiento que se dio en los años cincuenta, que no todos los arquitectos aceptaron, pero que otros lo integraron , y eso lo podemos ver desde el periodo de Miguel Alemán hasta el periodo de Ruiz Cortines, que es cuando se efectúa esta magna obra».
El Scop está ubicado en la esquina de Eje Central y Xola, con más de 92 mil metros cuadrados, es una galería a cielo abierto con esculturas y murales a cargo de personalidades como Juan O’Gorman, José Chávez Morado y Guillermo Monroy, quien, con 98 años, es uno de los artistas involucrados que aún puede ver lo que ocurra con su obra titulada “Los beneficios de las vías de comunicación en la tierra”.
«Con mosaico de colores de piedra y con vidrio, que es parecido al que se hizo allá en la biblioteca de la Ciudad de México y mucho antes en la ayudantía que yo le hice al maestro Diego Rivera».
Los embates de los sismos
El centro es sin duda una muestra tangible de la tradición artística del país. Aún es más para los vecinos de la unidad habitacional IMSS-Narvarte, donde viven aproximadamente dos mil quinientas personas en 492 departamentos, para quienes es parte de su historia de vida, como lo deja claro Fernando Solís.
«Hablar, hablar de estar aquí presente 67 años de los 68 que tengo de darte este es bastante por un lado emocionante y recordar es volver a vivir.
De aquí novios, familias, gente que todavía tiene 40, 50 años de casados, felizmente. Cómo no, aquí hay muchas muchas historias de gente que seguimos siendo felices viviendo y recordando todo lo que hemos vivido aquí».
Para él, así como para toda una comunidad, el SCOP era una extensión más de ellos y con el tiempo, ese vínculo no hacía más que crecer. El presente y futuro del Centro SCOP parecía esplendoroso, pero una tragedia cambió por completo su destino.
«Fue un antes y un después del temblor del 85 para nosotros. Se colapsa el edificio principal y con los pisos de medio que se truenan y se viene la parte de arriba sobre el inferior.
Todos nos dimos cuenta que esto era probablemente el fin del mundo. Hubo un grupo que se formó de ocho, nueve personas, jovencitos todos: entraron y rescataron y sacaron gente viva. Hubo un señor que fue súper impactante decía: “déjeme, déjeme, yo puedo caminar”. El señor no tenía piernas».
Tras el terremoto del 19 de septiembre de 1985, y su fuerte réplica un día después, los cuatro últimos pisos de los edificios centrales y los murales exteriores quedaron casi destruidos.
Aquella vez los departamentos no sufrieron mayores daños, y con el tiempo el SCOP se recuperó parcialmente, pero el tiro de gracia lo dio el sismo del 19 de septiembre de 2017, como lo comenta Esther Muñóz Pérez, arquitecta y profesora de la UNAM.
«La decisión de salir de ahí fue meramente por cuestiones de seguridad. Estaba funcionando como una gran manzana, con una organización espacial funcionalista que tiene diversos usos, diversos servicios, diverso equipamiento, entonces lo que vino a dar al traste con todo esto, pues fue el sismo de 1985.
Pero nuevamente en 2017 hay un sismo que vuelve a tener un efecto físico sobre los inmuebles, y definitivamente se decidió ya no usarlo».
Después del sismo de 2017, aún bajo la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, y de Miguel Mancera como jefe de Gobierno de la ciudad, se exploró la posibilidad de derrumbar el centro SCOP y trasladar el patrimonio artístico a las instalaciones del que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en Texcoco.
Inició la defensa del Centro Scop
Todo apuntaba a que la fragmentación sería el destino del abandonado inmueble, pero un grupo de ciudadanos organizados manifestaron su rechazo. El 10 de septiembre de 2018 la iniciativa ciudadana ”En defensa del centro SCOP” quién emitió un manifiesto repudiando la propuesta.
Guillermina Guadarrama, Esther Muñoz y el vecino de toda la vida Fernando Solís son algunos de los miembros de la iniciativa, así como el periodista Juan Bautista Rojo.
Incluso los muralistas aún vivos expresaron su total desaprobación al desmantelamiento, como el Maestro Guillermo Monroy.
En 2020 el INBAL y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, en coordinación con la iniciativa ciudadana, llegaron a un acuerdo para rescatar este lugar como un espacio público.
El 11 de febrero de este año, finalmente se informó a la comunidad de la Narvarte que por instrucción presidencial, el Centro SCOP se convertirá en un parque cultural al aire libre y, con ello, en el espacio muralístico público más grande del mundo.
Según el informe de las autoridades, tendrá murales de más de 10 niveles de altura, 500 árboles nuevos, una biblioteca y un centro cultural, así como el rescate de toda la obra mural y la demolición del 90 por ciento de cuatro edificios del centro. Por su parte, la comunidad vecinal se mantiene cautelosa.
«Suena muy bien, se ve muy bien, lo vemos con mucho gusto, pero sí necesitamos que nos precisen un poco más cómo le van a hacer y en este caso a nosotros, estructuralmente, hidráulicamente, en cuestión de generación de luz, de gas, de agua, etcétera, necesitamos el impacto ambiental, necesitamos ver muchas cosas».
El costo de la restauración y de la obra correrá a cargo de la aseguradora con la que La Secretaría de Comunicaciones y Transportes tenía firmada con una póliza contra daños estructurales por 800 millones de pesos, aunque aún faltan los recursos para la construcción del parque, pues sólo se han presentado maquetas del anteproyecto bajo la protesta de que será inaugurado en junio de 2024.
Es precisamente esta falta la información técnica detallada lo que preocupa a los vecinos y defensores de los murales, como lo dice la arquitecta Esther Muñoz.
«A nosotros nos importa mucho no sólo que se haga, sino cómo se va a hacer. Está bien, aceptamos que haya un memorial, nos importa fundamentalmente la recuperación de los murales, y en eso ha puesto muchísimo énfasis el maestro Monroy y los familiares de los sobrevivientes».
El reto de cuidar los murales
Antes de comenzar las obras arquitectónicas, el primer gran reto de ingeniería será remover íntegros los murales.
«Digamos, los murales que están en las partes altas, se reconstruyeron después de 1985. Se pusieron en una serie de estructuras metálicas que se pueden bajar, pero toda la demás parte de los murales, que son casi 6 mil metros cuadrados, están adosados a las paredes.
Entonces, el procedimiento será uno que no ha existido en el mundo. Va a presentar un presedente en el mundo de la recuperación plástica».
La empresa encargada de realizar el rescate será CAV Diseño e Ingeniería, que, según información de su página web, cuenta con restauradores expertos en conservación de pintura mural y artística.
Como antecedente de su trabajo presenta la conservación de pintura mural en claustros alto y bajo del ex Convento de Santa María Te pe tla ox toc, en 2009. Pero, a falta de un plan de acción a un año de la inauguración del nuevo parque cultural, el proyecto aún genera dudas entre los integrantes de la iniciativa ciudadana. Habla Esther Guadarrama.
En la última reunión que tuvimos con las autoridades, pues dije, bueno, CAV lo que hizo fue descolgar, a nosotros no nos consta que tengan la capacidad de restaurar piedras.
«La esposa del dueño de CAV es restauradora, pero eso no garantiza que tengan el conocimiento completo. Tenemos un centro de restauración que es especialista, que ahora que hicieron los graffitis los chavos ahí en las piedras, los del CENCROPAM fueron los que fueron a restaurar y lo hicieron bien. Ellos sí tienen esa experiencia.
Entonces yo les decía, bueno, no sé porqué siguen contratando a esa empresa, supongo porque deben tener deudas que aún no han pagado, que yo recuerdo que andaban persiguiendo al anterior oficial mayor de la secretaría de Enrique Peña Nieto, para que terminara de pagar lo que no les habían pagado por descolgar.
Eso debe quedar muy claro, ellos nada más descolgaron».
A pesar del gran reto que representa el anteproyecto presentado por el Gobierno, la comunidad lo calificó como un hecho histórico para la cultura nacional, tal y como lo dice Jesús Vega, biólogo e integrante de En Defensa del Centro SCOP:
«Pese a las particularidades de esta situación bastante compleja, bastante apabullante en el sentido de su rescate y readecuación, es señal de una apertura, de que por fin de tanta insistencia, después de todo lo que nosotros hemos hecho, hay disposición de las autoridades por escuchar y por incluir a los ciudadanos, y por hacer un trabajo sinérgico y colectivo».
Durante la última reunión con las autoridades el 11 de febrero, la iniciativa ciudadana expresó las peticiones que aún están pendientes de resolver, así lo explica Esther Muñóz.
«La propuesta de que se dictara como patrimonio de la nación este espacio; la segunda parte es que sea un espacio para la comunidad, que sea público; y tercero que la unidad habitacional sea incorporada en los beneficios de la intervención que se haga. Viven 500 familias en este entornos. Esas familias, sus representantes han sido los moradores y los cuidadores de los murales».
Para Jesús Vega, era prioritario que se publique el documento de Declaratoria Patrimonial como “Monumento Artístico” impulsado por el INBAL.
«La declaratoria como tal, como documento, no la hemos conocido todavía. Pues bueno, nosotros tenemos en principio confianza en lo que comentan las autoridades, sin embargo, sí consideramos que es importante que conozcamos este documento».
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